JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD
MADRID 2011


Aeródromo de Cuatro Vientos durante la JMJ 2011La jornada mundial de la juventud de Madrid se celebró del 15 al 21 de agosto de 2011. Fue un gran éxito, gracias a Dios, con una asistencia de 1.500.000 personas. A continuación, disponen de los discursos que pronunció Su Santidad el Papa Benedicto XVI durante esos días:

Discurso de bienvenida en el aeropuerto de Barajas en Madrid
Jueves 18 de agosto de 2011

Majestades,
Se√Īor Cardenal Arzobispo de Madrid,
Se√Īores Cardenales,
Venerados hermanos en el Episcopado y el Sacerdocio,
Distinguidas Autoridades Nacionales, Autonómicas y Locales,
Querido pueblo de Madrid y de Espa√Īa entera

Gracias, Majestad, por su presencia aqu√≠, junto con la Reina, y por las palabras tan deferentes y afables que me ha dirigido al darme la bienvenida. Palabras que me hacen revivir las inolvidables muestras de simpat√≠a recibidas en mis anteriores visitas apost√≥licas a Espa√Īa, y muy particularmente en mi reciente viaje a Santiago de Compostela y Barcelona.

Saludo muy cordialmente a los que estáis aquí reunidos en Barajas, y a cuantos siguen este acto a través de la radio y la televisión. Y también una mención muy agradecida a los que con tanta entrega y dedicación, desde instancias eclesiales y civiles, han contribuido con su esfuerzo y trabajo para que esta Jornada Mundial de la Juventud en Madrid se desarrolle felizmente y obtenga frutos abundantes.

Deseo tambi√©n agradecer de todo coraz√≥n la hospitalidad de tantas familias, parroquias, colegios y otras instituciones que han acogido a los j√≥venes llegados de todo el mundo, primero en diferentes regiones y ciudades de Espa√Īa, y ahora en esta gran Villa de Madrid, cosmopolita y siempre con las puertas abiertas.

Vengo aquí a encontrarme con millares de jóvenes de todo el mundo, católicos, interesados por Cristo o en busca de la verdad que dé sentido genuino a su existencia. Llego como Sucesor de Pedro para confirmar a todos en la fe, viviendo unos días de intensa actividad pastoral para anunciar que Jesucristo es el Camino, la Verdad y la Vida. Para impulsar el compromiso de construir el Reino de Dios en el mundo, entre nosotros. Para exhortar a los jóvenes a encontrarse personalmente con Cristo Amigo y así, radicados en su Persona, convertirse en sus fieles seguidores y valerosos testigos.

¬ŅPor qu√© y para qu√© ha venido esta multitud de j√≥venes a Madrid? Aunque la respuesta deber√≠an darla ellos mismos, bien se puede pensar que desean escuchar la Palabra de Dios, como se les ha propuesto en el lema para esta Jornada Mundial de la Juventud, de manera que, arraigados y edificados en Cristo, manifiesten la firmeza de su fe.

Muchos de ellos han o√≠do la voz de Dios, tal vez solo como un leve susurro, que los ha impulsado a buscarlo m√°s diligentemente y a compartir con otros la experiencia de la fuerza que tiene en sus vidas. Este descubrimiento del Dios vivo alienta a los j√≥venes y abre sus ojos a los desaf√≠os del mundo en que viven, con sus posibilidades y limitaciones. Ven la superficialidad, el consumismo y el hedonismo imperantes, tanta banalidad a la hora de vivir la sexualidad, tanta insolidaridad, tanta corrupci√≥n. Y saben que sin Dios ser√≠a arduo afrontar esos retos y ser verdaderamente felices, volcando para ello su entusiasmo en la consecuci√≥n de una vida aut√©ntica. Pero con √Čl a su lado, tendr√°n luz para caminar y razones para esperar, no deteni√©ndose ya ante sus m√°s altos ideales, que motivar√°n su generoso compromiso por construir una sociedad donde se respete la dignidad humana y la fraternidad real.

Aqu√≠, en esta Jornada, tienen una ocasi√≥n privilegiada para poner en com√ļn sus aspiraciones, intercambiar rec√≠procamente la riqueza de sus culturas y experiencias, animarse mutuamente en un camino de fe y de vida, en el cual algunos se creen solos o ignorados en sus ambientes cotidianos. Pero no, no est√°n solos. Muchos coet√°neos suyos comparten sus mismos prop√≥sitos y, fi√°ndose por entero de Cristo, saben que tienen realmente un futuro por delante y no temen los compromisos decisivos que llenan toda la vida.

Por eso me causa inmensa alegr√≠a escucharlos, rezar juntos y celebrar la Eucarist√≠a con ellos. La Jornada Mundial de la Juventud nos trae un mensaje de esperanza, como una brisa de aire puro y juvenil, con aromas renovadores que nos llenan de confianza ante el ma√Īana de la Iglesia y del mundo.

Ciertamente, no faltan dificultades. Subsisten tensiones y choques abiertos en tantos lugares del mundo, incluso con derramamiento de sangre. La justicia y el altísimo valor de la persona humana se doblegan fácilmente a intereses egoístas, materiales e ideológicos. No siempre se respeta como es debido el medio ambiente y la naturaleza, que Dios ha creado con tanto amor.

Muchos j√≥venes, adem√°s, miran con preocupaci√≥n el futuro ante la dificultad de encontrar un empleo digno, o bien por haberlo perdido o tenerlo muy precario e inseguro. Hay otros que precisan de prevenci√≥n para no caer en la red de la droga, o de ayuda eficaz, si por desgracia ya cayeron en ella. No pocos, por causa de su fe en Cristo, sufren en s√≠ mismos la discriminaci√≥n, que lleva al desprecio y a la persecuci√≥n abierta o larvada que padecen en determinadas regiones y pa√≠ses. Se les acosa queriendo apartarlos de √Čl, priv√°ndolos de los signos de su presencia en la vida p√ļblica, y silenciando hasta su santo Nombre. Pero yo vuelvo a decir a los j√≥venes, con todas las fuerzas de mi coraz√≥n: que nada ni nadie os quite la paz; no os avergonc√©is del Se√Īor. √Čl no ha tenido reparo en hacerse uno como nosotros y experimentar nuestras angustias para llevarlas a Dios, y as√≠ nos ha salvado.

En este contexto, es urgente ayudar a los j√≥venes disc√≠pulos de Jes√ļs a permanecer firmes en la fe y a asumir la bella aventura de anunciarla y testimoniarla abiertamente con su propia vida. Un testimonio valiente y lleno de amor al hombre hermano, decidido y prudente a la vez, sin ocultar su propia identidad cristiana, en un clima de respetuosa convivencia con otras leg√≠timas opciones y exigiendo al mismo tiempo el debido respeto a las propias.

Majestad, al reiterar mi agradecimiento por la deferente bienvenida que me hab√©is dispensado, deseo expresar tambi√©n mi aprecio y cercan√≠a a todos los pueblos de Espa√Īa, as√≠ como mi admiraci√≥n por un Pa√≠s tan rico de historia y cultura, por la vitalidad de su fe, que ha fructificado en tantos santos y santas de todas las √©pocas, en numerosos hombres y mujeres que dejando su tierra han llevado el Evangelio por todos los rincones del orbe, y en personas rectas, solidarias y bondadosas en todo su territorio. Es un gran tesoro que ciertamente vale la pena cuidar con actitud constructiva, para el bien com√ļn de hoy y para ofrecer un horizonte luminoso al porvenir de las nuevas generaciones. Aunque haya actualmente motivos de preocupaci√≥n, mayor es el af√°n de superaci√≥n de los espa√Īoles, con ese dinamismo que los caracteriza, y al que tanto contribuyen sus hondas ra√≠ces cristianas, muy fecundas a lo largo de los siglos.

Saludo desde aqu√≠ muy cordialmente a todos los queridos amigos espa√Īoles y madrile√Īos, y a los que han venido de tantas otras tierras. Durante estos d√≠as estar√© junto a vosotros, teniendo tambi√©n muy presentes a todos los j√≥venes del mundo, en particular a los que pasan por pruebas de diversa √≠ndole. Al confiar este encuentro a la Sant√≠sima Virgen Mar√≠a, y a la intercesi√≥n de los santos protectores de esta Jornada, pido a Dios que bendiga y proteja siempre a los hijos de Espa√Īa. Muchas gracias.

Saludo del Papa en la Plaza de Cibeles
Jueves 18 de agosto de 2011

Queridos jóvenes amigos:

Es una inmensa alegr√≠a encontrarme aqu√≠ con vosotros, en el centro de esta bella ciudad de Madrid, cuyas llaves ha tenido la amabilidad de entregarme el Se√Īor Alcalde. Hoy es tambi√©n capital de los j√≥venes del mundo y donde toda la Iglesia tiene puestos sus ojos. El Se√Īor nos ha congregado para vivir en estos d√≠as la hermosa experiencia de la Jornada Mundial de la Juventud. Con vuestra presencia y la participaci√≥n en las celebraciones, el nombre de Cristo resonar√° por todos los rincones de esta ilustre Villa.

Y recemos para que su mensaje de esperanza y amor tenga eco también en el corazón de los que no creen o se han alejado de la Iglesia. Muchas gracias por la espléndida acogida que me habéis dispensado al entrar en la ciudad, signo de vuestro amor y cercanía al Sucesor de Pedro.

Saludo al Se√Īor Cardenal Stanislaw Rylko, Presidente del Pontificio Consejo para los Laicos, y a sus colaboradores en ese Dicasterio, agradeciendo todo el trabajo realizado. Asimismo, doy las gracias al Se√Īor Cardenal Antonio Mar√≠a Rouco Varela, Arzobispo de Madrid, por sus amables palabras y el esfuerzo de su archidi√≥cesis, junto con las dem√°s di√≥cesis de Espa√Īa, en preparar esta Jornada Mundial de la Juventud, para la que se ha trabajado con generosidad tambi√©n en tantas otras Iglesias particulares del mundo entero.

Agradezco a las autoridades nacionales, auton√≥micas y locales su amable presencia y su generosa colaboraci√≥n para el buen desarrollo de este gran acontecimiento. Gracias a los hermanos en el episcopado, a los sacerdotes, seminaristas, personas consagradas y fieles que est√°n aqu√≠ presentes y han venido acompa√Īando a los j√≥venes para vivir estos d√≠as intensos de peregrinaci√≥n al encuentro con Cristo. A todos os saludo cordialmente en el Se√Īor y os reitero que es una gran dicha estar aqu√≠ con todos vosotros. Que la llama del amor de Cristo nunca se apague en vuestros corazones.

Saludo en francés

Queridos j√≥venes de lengua francesa. Os felicito porque hab√©is venido en gran n√ļmero a este encuentro de Madrid. Sed bienvenidos a las Jornadas Mundiales de la Juventud. Ten√©is interrogantes y busc√°is respuestas. Es bueno buscar siempre. Buscar sobre todo la Verdad que no es una idea, una ideolog√≠a o un eslogan, sino una Persona, Cristo, Dios mismo que ha venido entre los hombres. Ten√©is raz√≥n de querer enraizar vuestra fe en √Čl, y fundar vuestra vida en Cristo. √Čl os ama desde siempre y os conoce mejor que nadie. Que estas jornadas llenas de oraci√≥n, ense√Īanza y encuentros, os ayuden a descubrirlo para amarlo m√°s. Que Cristo os acompa√Īe durante este tiempo intenso en el que todos juntos lo celebraremos y le rezaremos.]

Saludo en inglés

Dirijo un saludo afectuoso a los numerosos j√≥venes de lengua inglesa que han venido a Madrid. Que estos d√≠as de oraci√≥n, amistad y celebraci√≥n os acerquen entre vosotros y al Se√Īor Jes√ļs. Poned en Cristo el fundamento de vuestras vidas. Arraigados y edificados en √©l, firmes en la fe y abiertos al poder del Esp√≠ritu, encontrar√©is vuestro puesto en el plan de Dios y enriquecer√©is a la Iglesia con vuestros dones. Recemos unos por otros, para que hoy y siempre seamos testigos gozosos de Cristo. Que Dios os bendiga.

Saludo en alem√°n

[Traducci√≥n espa√Īola: Queridos j√≥venes de lengua alemana. Os saludo con afecto y me alegra que hay√°is venido en tan gran n√ļmero. En estos d√≠as, juntos confesaremos, profundizaremos y transmitiremos nuestra fe en Cristo. Tendremos nuevamente esta experiencia: es √Čl quien da verdadero sentido a nuestra vida. Abramos nuestro coraz√≥n a Cristo. Que aqu√≠ en Madrid √Čl nos conceda un tiempo colmado de gozo y bendici√≥n.

Saludo en italiano

Queridos jóvenes italianos. Os saludo con gran afecto y me alegro por vuestra participación tan numerosa, animada por el gozo de la fe. Vivid estos días con espíritu de oración intensa y de fraternidad, dando testimonio de la vitalidad de la Iglesia en Italia, de las parroquias, asociaciones, movimientos. Compartid con todos esta riqueza. Gracias.]

Saludo en portugués

Traducci√≥n espa√Īola: Queridos j√≥venes de los diversos pa√≠ses de lengua oficial portuguesa, y todos cuantos os acompa√Īan, sed bienvenidos a Madrid. Os saludo con gran amistad y os invito a subir hasta la fuente eterna de vuestra juventud y conocer al protagonista absoluto de esta Jornada Mundial y, espero, de vuestra vida: Cristo Se√Īor. En estos d√≠as, escuchar√©is resonar personalmente su Palabra. Dejad que esta Palabra entre y eche ra√≠ces en vuestros corazones y, sobre ella, edificad vuestra vida. Firmes en la fe, ser√©is un eslab√≥n en la gran cadena de los fieles. No se puede creer sin estar amparado por la fe de los dem√°s, y con mi fe contribuyo tambi√©n a ayudar la fe de los dem√°s. La Iglesia necesita de vosotros y vosotros ten√©is necesidad de la Iglesia.

Saludo en polaco

Traducci√≥n espa√Īola: Saludo a los j√≥venes procedentes de Polonia, compatriotas del Beato Juan Pablo II, el iniciador de las Jornadas Mundiales de la Juventud. Me alegra que est√©is aqu√≠ en Madrid. Os deseo unos d√≠as felices, d√≠as de oraci√≥n y de fortalecimiento de vuestros lazos con Jes√ļs. Que os gu√≠e el Esp√≠ritu de Dios.

Discurso del Papa en la Plaza de Cibeles
Jueves 18 de agosto de 2011

Queridos amigos:

Agradezco las cari√Īosas palabras que me han dirigido los j√≥venes representantes de los cinco continentes. Y saludo con afecto a todos los que est√°is aqu√≠ congregados, j√≥venes de Ocean√≠a,

√Āfrica, Am√©rica, Asia y Europa; y tambi√©n a los que no pudieron venir. Siempre os tengo muy presentes y rezo por vosotros. Dios me ha concedido la gracia de poder veros y o√≠ros m√°s de cerca, y de ponernos juntos a la escucha de su Palabra.

En la lectura que se ha proclamado antes, hemos o√≠do un pasaje del Evangelio en que se habla de acoger las palabras de Jes√ļs y de ponerlas en pr√°ctica. Hay palabras que solamente sirven para entretener, y pasan como el viento; otras instruyen la mente en algunos aspectos; las de Jes√ļs, en cambio, han de llegar al coraz√≥n, arraigar en √©l y fraguar toda la vida.

Sin esto, se quedan vac√≠as y se vuelven ef√≠meras. No nos acercan a √Čl. Y, de este modo, Cristo sigue siendo lejano, como una voz entre otras muchas que nos rodean y a las que estamos tan acostumbrados.

El Maestro que habla, adem√°s, no ense√Īa lo que ha aprendido de otros, sino lo que √Čl mismo es, el √ļnico que conoce de verdad el camino del hombre hacia Dios, porque es √Čl quien lo ha abierto para nosotros, lo ha creado para que podamos alcanzar la vida aut√©ntica, la que siempre vale la pena vivir en toda circunstancia y que ni siquiera la muerte puede destruir.

El Evangelio prosigue explicando estas cosas con la sugestiva imagen de quien construye sobre roca firme, resistente a las embestidas de las adversidades, contrariamente a quien edifica sobre arena, tal vez en un paraje paradisíaco, podríamos decir hoy, pero que se desmorona con el primer azote de los vientos y se convierte en ruinas.

Queridos j√≥venes, escuchad de verdad las palabras del Se√Īor para que sean en vosotros ¬ęesp√≠ritu y vida¬Ľ (Jn 6,63), ra√≠ces que alimentan vuestro ser, pautas de conducta que nos asemejen a la persona de Cristo, siendo pobres de esp√≠ritu, hambrientos de justicia, misericordiosos, limpios de coraz√≥n, amantes de la paz.

Hacedlo cada d√≠a con frecuencia, como se hace con el √ļnico Amigo que no defrauda y con el que queremos compartir el camino de la vida. Bien sab√©is que, cuando no se camina al lado de Cristo, que nos gu√≠a, nos dispersamos por otras sendas, como la de nuestros propios impulsos ciegos y ego√≠stas, la de propuestas halagadoras pero interesadas, enga√Īosas y volubles, que dejan el vac√≠o y la frustraci√≥n tras de s√≠.

Aprovechad estos d√≠as para conocer mejor a Cristo y cercioraros de que, enraizados en √Čl, vuestro entusiasmo y alegr√≠a, vuestros deseos de ir a m√°s, de llegar a lo m√°s alto, hasta Dios, tienen siempre futuro cierto, porque la vida en plenitud ya se ha aposentado dentro de vuestro ser.

Hacedla crecer con la gracia divina, generosamente y sin mediocridad, plante√°ndoos seriamente la meta de la santidad. Y, ante nuestras flaquezas, que a veces nos abruman, contamos tambi√©n con la misericordia del Se√Īor, siempre dispuesto a darnos de nuevo la mano y que nos ofrece el perd√≥n en el sacramento de la Penitencia.

Al edificar sobre la roca firme, no solamente vuestra vida será sólida y estable, sino que contribuirá a proyectar la luz de Cristo sobre vuestros coetáneos y sobre toda la humanidad, mostrando una alternativa válida a tantos como se han venido abajo en la vida, porque los fundamentos de su existencia eran inconsistentes.

A tantos que se contentan con seguir las corrientes de moda, se cobijan en el interés inmediato, olvidando la justicia verdadera, o se refugian en pareceres propios en vez de buscar la verdad sin adjetivos.

Sí, hay muchos que, creyéndose dioses, piensan no tener necesidad de más raíces ni cimientos que ellos mismos. Desearían decidir por sí solos lo que es verdad o no, lo que es bueno o malo, lo justo o lo injusto; decidir quién es digno de vivir o puede ser sacrificado en aras de otras preferencias; dar en cada instante un paso al azar, sin rumbo fijo, dejándose llevar por el impulso de cada momento. Estas tentaciones siempre están al acecho. Es importante no sucumbir a ellas, porque, en realidad, conducen a algo tan evanescente como una existencia sin horizontes, una libertad sin Dios.

Nosotros, en cambio, sabemos bien que hemos sido creados libres, a imagen de Dios, precisamente para que seamos protagonistas de la b√ļsqueda de la verdad y del bien, responsables de nuestras acciones, y no meros ejecutores ciegos, colaboradores creativos en la tarea de cultivar y embellecer la obra de la creaci√≥n. Dios quiere un interlocutor responsable, alguien que pueda dialogar con √Čl y amarle.

Por Cristo lo podemos conseguir verdaderamente y, arraigados en √Čl, damos alas a nuestra libertad. ¬ŅNo es este el gran motivo de nuestra alegr√≠a? ¬ŅNo es este un suelo firme para edificar la civilizaci√≥n del amor y de la vida, capaz de humanizar a todo hombre?

Queridos amigos: sed prudentes y sabios, edificad vuestras vidas sobre el cimiento firme que es Cristo. Esta sabiduría y prudencia guiará vuestros pasos, nada os hará temblar y en vuestro corazón reinará la paz. Entonces seréis bienaventurados, dichosos, y vuestra alegría contagiará a los demás.

Se preguntar√°n por el secreto de vuestra vida y descubrir√°n que la roca que sostiene todo el edificio y sobre la que se asienta toda vuestra existencia es la persona misma de Cristo, vuestro amigo, hermano y Se√Īor, el Hijo de Dios hecho hombre, que da consistencia a todo el universo. √Čl muri√≥ por nosotros y resucit√≥ para que tuvi√©ramos vida, y ahora, desde el trono del

Padre, sigue vivo y cercano a todos los hombres, velando continuamente con amor por cada uno de nosotros.

Encomiendo los frutos de esta Jornada Mundial de la Juventud a la Sant√≠sima Virgen Mar√≠a, que supo decir ¬ęs√≠¬Ľ a la voluntad de Dios, y nos ense√Īa como nadie la fidelidad a su divino Hijo, al que sigui√≥ hasta su muerte en la cruz. Meditaremos todo esto m√°s detenidamente en las diversas estaciones del Via crucis. Y pidamos que, como Ella, nuestro ¬ęs√≠¬Ľ de hoy a Cristo sea tambi√©n un ¬ęs√≠¬Ľ incondicional a su amistad, al final de esta Jornada y durante toda nuestra vida.

Muchas gracias.


Discurso del Papa a las jóvenes religiosas en el monasterio de El Escorial
Viernes 19 de agosto de 2011

Queridas jóvenes religiosas:

Dentro de la Jornada Mundial de la Juventud que estamos celebrando en Madrid, es un gozo grande poder encontrarme con vosotras, que hab√©is consagrado vuestra juventud al Se√Īor, y os doy las gracias por el amable saludo que me hab√©is dirigido.

Agradezco al Se√Īor Cardenal Arzobispo de Madrid que haya previsto este encuentro en un marco tan evocador como es el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Si su c√©lebre Biblioteca custodia importantes ediciones de la Sagrada Escritura y de Reglas mon√°sticas de varias familias religiosas, vuestra vida de fidelidad a la llamada recibida es tambi√©n una preciosa manera de guardar la Palabra del Se√Īor que resuena en vuestras formas de espiritualidad.

Queridas hermanas, cada carisma es una palabra evang√©lica que el Esp√≠ritu Santo recuerda a su Iglesia (cf. Jn 14, 26). No en vano, la Vida Consagrada ¬ęnace de la escucha de la Palabra de Dios y acoge el Evangelio como su norma de vida. En este sentido, el vivir siguiendo a Cristo casto, pobre y obediente, se convierte en "ex√©gesis" viva de la Palabra de Dios... De ella ha brotado cada carisma y de ella quiere ser expresi√≥n cada regla, dando origen a itinerarios de vida cristiana marcados por la radicalidad evang√©lica¬Ľ (Exh. apost√≥lica Verbum Domini, 83).

La radicalidad evangélica es estar "arraigados y edificados en Cristo, y firmes en la fe" (cf. Col, 2,7), que en la Vida Consagrada significa ir a la raíz del amor a Jesucristo con un corazón indiviso, sin anteponer nada a ese amor (cf. San Benito, Regla, IV, 21), con una pertenencia esponsal como la han vivido los santos, al estilo de Rosa de Lima y Rafael Arnáiz, jóvenes patronos de esta Jornada Mundial de la Juventud.

El encuentro personal con Cristo que nutre vuestra consagraci√≥n debe testimoniarse con toda su fuerza transformadora en vuestras vidas; y cobra una especial relevancia hoy, cuando ¬ęse constata una especie de "eclipse de Dios", una cierta amnesia, m√°s a√ļn, un verdadero rechazo del cristianismo y una negaci√≥n del tesoro de la fe recibida, con el riesgo de perder aquello que m√°s profundamente nos caracteriza¬Ľ (Mensaje para la XXVI Jornada Mundial de la Juventud 2011, 1). Frente al relativismo y la mediocridad, surge la necesidad de esta radicalidad que testimonia la consagraci√≥n como una pertenencia a Dios sumamente amado.

Dicha radicalidad evang√©lica de la Vida Consagrada se expresa en la comuni√≥n filial con la Iglesia, hogar de los hijos de Dios que Cristo ha edificado. La comuni√≥n con los Pastores, que en nombre del Se√Īor proponen el dep√≥sito de la fe recibido a trav√©s de los Ap√≥stoles, del Magisterio de la Iglesia y de la tradici√≥n cristiana. La comuni√≥n con vuestra familia religiosa, custodiando su genuino patrimonio espiritual con gratitud, y apreciando tambi√©n los otros carismas. La comuni√≥n con otros miembros de la Iglesia como los laicos, llamados a testimoniar desde su vocaci√≥n espec√≠fica el mismo evangelio del Se√Īor.

Finalmente, la radicalidad evangélica se expresa en la misión que Dios ha querido confiaros.

Desde la vida contemplativa que acoge en sus claustros la Palabra de Dios en silencio elocuente y adora su belleza en la soledad por √Čl habitada, hasta los diversos caminos de vida apost√≥lica, en cuyos surcos germina la semilla evang√©lica en la educaci√≥n de ni√Īos y j√≥venes, el cuidado de los enfermos y ancianos, el acompa√Īamiento de las familias, el compromiso a favor de la vida, el testimonio de la verdad, el anuncio de la paz y la caridad, la labor misionera y la nueva evangelizaci√≥n, y tantos otros campos del apostolado eclesial.

Queridas hermanas, este es el testimonio de la santidad a la que Dios os llama, siguiendo muy de cerca y sin condiciones a Jesucristo en la consagraci√≥n, la comuni√≥n y la misi√≥n. La Iglesia necesita de vuestra fidelidad joven arraigada y edificada en Cristo. Gracias por vuestro "s√≠" generoso, total y perpetuo a la llamada del Amado. Que la Virgen Mar√≠a sostenga y acompa√Īe vuestra juventud consagrada, con el vivo deseo de que interpele, aliente e ilumine a todos los j√≥venes.

Con estos sentimientos, pido a Dios que recompense copiosamente la generosa contribución de la Vida Consagrada a esta Jornada Mundial de la Juventud, y en su nombre os bendigo de todo corazón. Muchas gracias.

Discurso del Papa a jóvenes profesores universitarios en la Basílica San Lorenzo de El Escorial
Viernes 19 de agosto de 2011

Se√Īor Cardenal Arzobispo de Madrid,

Queridos Hermanos en el Episcopado,

Queridos Padres Agustinos,

Queridos Profesores y Profesoras,

Distinguidas Autoridades,

Amigos todos

Esperaba con ilusi√≥n este encuentro con vosotros, j√≥venes profesores de las universidades espa√Īolas, que prest√°is una espl√©ndida colaboraci√≥n en la difusi√≥n de la verdad, en circunstancias no siempre f√°ciles.

Os saludo cordialmente y agradezco las amables palabras de bienvenida, as√≠ como la m√ļsica interpretada, que ha resonado de forma maravillosa en este monasterio de gran belleza art√≠stica, testimonio elocuente durante siglos de una vida de oraci√≥n y estudio.

En este emblem√°tico lugar, raz√≥n y fe se han fundido arm√≥nicamente en la austera piedra para modelar uno de los monumentos m√°s renombrados de Espa√Īa.

Saludo tambi√©n con particular afecto a aquellos que en estos d√≠as hab√©is participado en √Āvila en el Congreso Mundial de Universidades Cat√≥licas, bajo el lema: "Identidad y misi√≥n de la Universidad Cat√≥lica".

Al estar entre vosotros, me vienen a la mente mis primeros pasos como profesor en la Universidad de Bonn. Cuando todav√≠a se apreciaban las heridas de la guerra y eran muchas las carencias materiales, todo lo supl√≠a la ilusi√≥n por una actividad apasionante, el trato con colegas de las diversas disciplinas y el deseo de responder a las inquietudes √ļltimas y fundamentales de los alumnos.

Esta "universitas" que entonces viví, de profesores y estudiantes que buscan juntos la verdad en todos los saberes, o como diría Alfonso X el Sabio, ese "ayuntamiento de maestros y escolares con voluntad y entendimiento de aprender los saberes" (Siete Partidas, partida II, tít. XXXI), clarifica el sentido y hasta la definición de la Universidad.

En el lema de la presente Jornada Mundial de la Juventud: "Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe" (cf. Col 2, 7), podéis también encontrar luz para comprender mejor vuestro ser y quehacer. En este sentido, y como ya escribí en el Mensaje a los jóvenes como preparación para estos días, los términos "arraigados, edificados y firmes" apuntan a fundamentos sólidos para la vida (cf. n. 2).

Pero, ¬Ņd√≥nde encontrar√°n los j√≥venes esos puntos de referencia en una sociedad quebradiza e inestable? A veces se piensa que la misi√≥n de un profesor universitario sea hoy exclusivamente la de formar profesionales competentes y eficaces que satisfagan la demanda laboral en cada preciso momento.

Tambi√©n se dice que lo √ļnico que se debe privilegiar en la presente coyuntura es la mera capacitaci√≥n t√©cnica. Ciertamente, cunde en la actualidad esa visi√≥n utilitarista de la educaci√≥n, tambi√©n la universitaria, difundida especialmente desde √°mbitos extrauniversitarios.

Sin embargo, vosotros que habéis vivido como yo la Universidad, y que la vivís ahora como docentes, sentís sin duda el anhelo de algo más elevado que corresponda a todas las dimensiones que constituyen al hombre. Sabemos que cuando la sola utilidad y el pragmatismo inmediato se erigen como criterio principal, las pérdidas pueden ser dramáticas: desde los abusos de una ciencia sin límites, más allá de ella misma, hasta el totalitarismo político que se aviva fácilmente cuando se elimina toda referencia superior al mero cálculo de poder. En cambio, la genuina idea de Universidad es precisamente lo que nos preserva de esa visión reduccionista y sesgada de lo humano.

En efecto, la Universidad ha sido, y está llamada a ser siempre, la casa donde se busca la verdad propia de la persona humana. Por ello, no es casualidad que fuera la Iglesia quien promoviera la institución universitaria, pues la fe cristiana nos habla de Cristo como el Logos por quien todo fue hecho (cf. Jn 1,3), y del ser humano creado a imagen y semejanza de Dios.

Esta buena noticia descubre una racionalidad en todo lo creado y contempla al hombre como una criatura que participa y puede llegar a reconocer esa racionalidad. La Universidad encarna, pues, un ideal que no debe desvirtuarse ni por ideologías cerradas al diálogo racional, ni por servilismos a una lógica utilitarista de simple mercado, que ve al hombre como mero consumidor.

He ahí vuestra importante y vital misión. Sois vosotros quienes tenéis el honor y la responsabilidad de transmitir ese ideal universitario: un ideal que habéis recibido de vuestros mayores, muchos de ellos humildes seguidores del Evangelio y que en cuanto tales se han convertido en gigantes del espíritu. Debemos sentirnos sus continuadores en una historia bien distinta de la suya, pero en la que las cuestiones esenciales del ser humano siguen reclamando nuestra atención e impulsándonos hacia adelante. Con ellos nos sentimos unidos a esa cadena de hombres y mujeres que se han entregado a proponer y acreditar la fe ante la inteligencia de los hombres.

Y el modo de hacerlo no solo es ense√Īarlo, sino vivirlo, encarnarlo, como tambi√©n el Logos se encarn√≥ para poner su morada entre nosotros. En este sentido, los j√≥venes necesitan aut√©nticos maestros; personas abiertas a la verdad total en las diferentes ramas del saber, sabiendo escuchar y viviendo en su propio interior ese di√°logo interdisciplinar; personas convencidas, sobre todo, de la capacidad humana de avanzar en el camino hacia la verdad.

La juventud es tiempo privilegiado para la b√ļsqueda y el encuentro con la verdad. Como ya dijo

Platón: "Busca la verdad mientras eres joven, pues si no lo haces, después se te escapará de entre las manos" (Parménides, 135d). Esta alta aspiración es la más valiosa que podéis transmitir personal y vitalmente a vuestros estudiantes, y no simplemente unas técnicas instrumentales y anónimas, o unos datos fríos, usados sólo funcionalmente.

Por tanto, os animo encarecidamente a no perder nunca dicha sensibilidad e ilusi√≥n por la verdad; a no olvidar que la ense√Īanza no es una escueta comunicaci√≥n de contenidos, sino una formaci√≥n de j√≥venes a quienes hab√©is de comprender y querer, en quienes deb√©is suscitar esa sed de verdad que poseen en lo profundo y ese af√°n de superaci√≥n. Sed para ellos est√≠mulo y fortaleza.

Para esto, es preciso tener en cuenta, en primer lugar, que el camino hacia la verdad completa compromete también al ser humano por entero: es un camino de la inteligencia y del amor, de la razón y de la fe. No podemos avanzar en el conocimiento de algo si no nos mueve el amor; ni tampoco amar algo en lo que no vemos racionalidad: pues "no existe la inteligencia y después el amor: existe el amor rico en inteligencia y la inteligencia llena de amor" (Caritas in veritate, n. 30). Si verdad y bien están unidos, también lo están conocimiento y amor. De esta unidad deriva la coherencia de vida y pensamiento, la ejemplaridad que se exige a todo buen educador.

En segundo lugar, hay que considerar que la verdad misma siempre va a estar m√°s all√° de nuestro alcance. Podemos buscarla y acercarnos a ella, pero no podemos poseerla del todo: m√°s bien, es ella la que nos posee a nosotros y la que nos motiva. En el ejercicio intelectual y docente, la humildad es asimismo una virtud indispensable, que protege de la vanidad que cierra el acceso a la verdad. No debemos atraer a los estudiantes a nosotros mismos, sino encaminarlos hacia esa verdad que todos buscamos. A esto os ayudar√° el Se√Īor, que os propone ser sencillos y eficaces como la sal, o como la l√°mpara, que da luz sin hacer ruido (cf. Mt 5,13-15).

Todo esto nos invita a volver siempre la mirada a Cristo, en cuyo rostro resplandece la Verdad que nos ilumina, pero que tambi√©n es el Camino que lleva a la plenitud perdurable, siendo Caminante junto a nosotros y sosteni√©ndonos con su amor. Arraigados en √Čl, ser√©is buenos gu√≠as de nuestros j√≥venes. Con esa esperanza, os pongo bajo el amparo de la Virgen Mar√≠a, Trono de la Sabidur√≠a, para que Ella os haga colaboradores de su Hijo con una vida colmada de sentido para vosotros mismos y fecunda en frutos, tanto de conocimiento como de fe, para vuestros alumnos.

Palabras del Papa al finalizar el Via Crucis
Viernes 19 de agosto de 2011

Queridos jóvenes:

Con piedad y fervor hemos celebrado este V√≠a Crucis, acompa√Īando a Cristo en su Pasi√≥n y Muerte. Los comentarios de las Hermanitas de la Cruz, que sirven a los m√°s pobres y menesterosos, nos han facilitado adentrarnos en el misterio de la Cruz gloriosa de Cristo, que contiene la verdadera sabidur√≠a de Dios, la que juzga al mundo y a los que se creen sabios (cf. 1 Co 1,17-19).

Tambi√©n nos ha ayudado en este itinerario hacia el Calvario la contemplaci√≥n de estas extraordinarias im√°genes del patrimonio religioso de las di√≥cesis espa√Īolas. Son im√°genes donde la fe y el arte se armonizan para llegar al coraz√≥n del hombre e invitarle a la conversi√≥n.

Cuando la mirada de la fe es limpia y aut√©ntica, la belleza se pone a su servicio y es capaz de representar los misterios de nuestra salvaci√≥n hasta conmovernos profundamente y transformar nuestro coraz√≥n, como sucedi√≥ a Santa Teresa de Jes√ļs al contemplar una imagen de Cristo muy llagado (cf. Libro de la vida, 9,1).

Mientras avanz√°bamos con Jes√ļs, hasta llegar a la cima de su entrega en el Calvario, nos ven√≠an a la mente las palabras de san Pablo: ¬ęCristo me am√≥ y se entreg√≥ por m√≠¬Ľ (G√°l 2,20). Ante un amor tan desinteresado, llenos de estupor y gratitud, nos preguntamos ahora: ¬ŅQu√© haremos nosotros por √©l? ¬ŅQu√© respuesta le daremos? San Juan lo dice claramente: ¬ęEn esto hemos conocido el amor: en que √©l dio su vida por nosotros. Tambi√©n nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos¬Ľ (1 Jn 3,16).

La pasi√≥n de Cristo nos impulsa a cargar sobre nuestros hombros el sufrimiento del mundo, con la certeza de que Dios no es alguien distante o lejano del hombre y sus vicisitudes. Al contrario, se hizo uno de nosotros ¬ępara poder compadecer √Čl mismo con el hombre, de modo muy real, en carne y sangre‚Ķ Por eso, en cada pena humana ha entrado uno que comparte el sufrir y padecer; de ah√≠ se difunde en cada sufrimiento la con-solatio, el consuelo del amor participado de Dios y as√≠ aparece la estrella de la esperanza¬Ľ (Spe salvi, 39).

Queridos j√≥venes, que el amor de Cristo por nosotros aumente vuestra alegr√≠a y os aliente a estar cerca de los menos favorecidos. Vosotros, que sois muy sensibles a la idea de compartir la vida con los dem√°s, no pas√©is de largo ante el sufrimiento humano, donde Dios os espera para que entregu√©is lo mejor de vosotros mismos: vuestra capacidad de amar y de compadecer. Las diversas formas de sufrimiento que, a lo largo del V√≠a Crucis, han desfilado ante nuestros ojos son llamadas del Se√Īor para edificar nuestras vidas siguiendo sus huellas y hacer de nosotros signos de su consuelo y salvaci√≥n.

¬ęSufrir con el otro, por los otros, sufrir por amor de la verdad y de la justicia; sufrir a causa del amor y con el fin de convertirse en una persona que ama realmente, son elementos fundamentales de la humanidad, cuya p√©rdida destruir√≠a al hombre mismo¬Ľ (ibid.).

Que sepamos acoger estas lecciones y llevarlas a la pr√°ctica. Miremos para ello a Cristo, colgado en el √°spero madero, y pid√°mosle que nos ense√Īe esta sabidur√≠a misteriosa de la cruz, gracias a la cual el hombre vive. La cruz no fue el desenlace de un fracaso, sino el modo de expresar la entrega amorosa que llega hasta la donaci√≥n m√°s inmensa de la propia vida.

El Padre quiso amar a los hombres en el abrazo de su Hijo crucificado por amor. La cruz en su forma y significado representa ese amor del Padre y de Cristo a los hombres. En ella reconocemos el icono del amor supremo, en donde aprendemos a amar lo que Dios ama y como √Čl lo hace: esta es la Buena Noticia que devuelve la esperanza al mundo.

Volvamos ahora nuestros ojos a la Virgen María, que en el Calvario nos fue entregada como Madre, y supliquémosle que nos sostenga con su amorosa protección en el camino de la vida, en particular cuando pasemos por la noche del dolor, para que alcancemos a mantenernos como Ella firmes al pie de la cruz.

Homilía de la Misa con seminaristas celebrada en la Catedral de la Almudena
S√°bado 20 de agosto de 2011

Se√Īor Cardenal Arzobispo de Madrid,

Venerados hermanos en el Episcopado,

Queridos sacerdotes y religiosos,

Queridos rectores y formadores,

Queridos seminaristas,

Amigos todos

Me alegra profundamente celebrar la Santa Misa con todos vosotros, que aspiráis a ser sacerdotes de Cristo para el servicio de la Iglesia y de los hombres, y agradezco las amables palabras de saludo con que me habéis acogido.

Esta Santa Iglesia Catedral de Santa Mar√≠a La Real de la Almudena es hoy como un inmenso cen√°culo donde el Se√Īor celebra con deseo ardiente su Pascua con quienes un d√≠a anhel√°is presidir en su nombre los misterios de la salvaci√≥n. Al veros, compruebo de nuevo c√≥mo Cristo sigue llamando a j√≥venes disc√≠pulos para hacerlos ap√≥stoles suyos, permaneciendo as√≠ viva la misi√≥n de la Iglesia y la oferta del evangelio al mundo.

Como seminaristas, est√°is en camino hacia una meta santa: ser prolongadores de la misi√≥n que Cristo recibi√≥ del Padre. Llamados por √Čl, hab√©is seguido su voz y atra√≠dos por su mirada amorosa avanz√°is hacia el ministerio sagrado. Poned vuestros ojos en √Čl, que por su encarnaci√≥n es el revelador supremo de Dios al mundo y por su resurrecci√≥n es el cumplidor fiel de su promesa. Dadle gracias por esta muestra de predilecci√≥n que tiene con cada uno de vosotros.

La primera lectura que hemos escuchado nos muestra a Cristo como el nuevo y definitivo sacerdote, que hizo de su existencia una ofrenda total. La antífona del salmo se le puede aplicar perfectamente, cuando, al entrar en el mundo, dirigiéndose a su Padre, dijo: "Aquí estoy para hacer tu voluntad" (cf. Sal 39, 8-9). En todo buscaba agradarle: al hablar y al actuar, recorriendo los caminos o acogiendo a los pecadores. Su vivir fue un servicio y su desvivirse una intercesión perenne, poniéndose en nombre de todos ante el Padre como Primogénito de muchos hermanos.

El autor de la carta a los Hebreos afirma que con esa entrega perfeccionó para siempre a los que estábamos llamados a compartir su filiación (cf. Heb 10,14).

La Eucarist√≠a, de cuya instituci√≥n nos habla el evangelio proclamado (cf. Lc 22,14-20), es la expresi√≥n real de esa entrega incondicional de Jes√ļs por todos, tambi√©n por los que le traicionaban. Entrega de su cuerpo y sangre para la vida de los hombres y para el perd√≥n de sus pecados. La sangre, signo de la vida, nos fue dada por Dios como alianza, a fin de que podamos poner la fuerza de su vida, all√≠ donde reina la muerte a causa de nuestro pecado, y as√≠ destruirlo.

El cuerpo desgarrado y la sangre vertida de Cristo, es decir su libertad entregada, se han convertido por los signos eucarísticos en la nueva fuente de la libertad redimida de los hombres.

En √Čl tenemos la promesa de una redenci√≥n definitiva y la esperanza cierta de los bienes futuros. Por Cristo sabemos que no somos caminantes hacia el abismo, hacia el silencio de la nada o de la muerte, sino viajeros hacia una tierra de promisi√≥n, hacia √Čl que es nuestra meta y tambi√©n nuestro principio.

Queridos amigos, os prepar√°is para ser ap√≥stoles con Cristo y como Cristo, para ser compa√Īeros de viaje y servidores de los hombres. ¬ŅC√≥mo vivir estos a√Īos de preparaci√≥n? Ante todo, deben ser a√Īos de silencio interior, de permanente oraci√≥n, de constante estudio y de inserci√≥n paulatina en las acciones y estructuras pastorales de la Iglesia. Iglesia que es comunidad e instituci√≥n, familia y misi√≥n, creaci√≥n de Cristo por su Santo Esp√≠ritu y a la vez resultado de quienes la conformamos con nuestra santidad y con nuestros pecados.

Así lo ha querido Dios, que no tiene reparo en hacer de pobres y pecadores sus amigos e instrumentos para la redención del género humano. La santidad de la Iglesia es ante todo la santidad objetiva de la misma persona de Cristo, de su evangelio y de sus sacramentos, la santidad de aquella fuerza de lo alto que la anima e impulsa. Nosotros debemos ser santos para no crear una contradicción entre el signo que somos y la realidad que queremos significar.

Meditad bien este misterio de la Iglesia, viviendo los a√Īos de vuestra formaci√≥n con profunda alegr√≠a, en actitud de docilidad, de lucidez y de radical fidelidad evang√©lica, as√≠ como en amorosa relaci√≥n con el tiempo y las personas en medio de las que viv√≠s. Nadie elige el contexto ni a los destinatarios de su misi√≥n. Cada √©poca tiene sus problemas, pero Dios da en cada tiempo la gracia oportuna para asumirlos y superarlos con amor y realismo.

Por eso, en cualquier circunstancia en la que se halle, y por dura que esta sea, el sacerdote ha de fructificar en toda clase de obras buenas, guardando para ello siempre vivas en su interior las palabras del d√≠a de su Ordenaci√≥n, aquellas con las que se le exhortaba a configurar su vida con el misterio de la cruz del Se√Īor.

Configurarse con Cristo comporta, queridos seminaristas, identificarse cada vez m√°s con Aquel que se ha hecho por nosotros siervo, sacerdote y v√≠ctima. Configurarse con √Čl es, en realidad, la tarea en la que el sacerdote ha de gastar toda su vida. Ya sabemos que nos sobrepasa y no lograremos cumplirla plenamente, pero, como dice san Pablo, corremos hacia la meta esperando alcanzarla (cf. Flp 3,12-14).

Pero Cristo, Sumo Sacerdote, es tambi√©n el Buen Pastor, que cuida de sus ovejas hasta dar la vida por ellas (cf. Jn 10,11). Para imitar tambi√©n en esto al Se√Īor, vuestro coraz√≥n ha de ir madurando en el Seminario, estando totalmente a disposici√≥n del Maestro. Esta disponibilidad, que es don del Esp√≠ritu Santo, es la que inspira la decisi√≥n de vivir el celibato por el Reino de los cielos, el desprendimiento de los bienes de la tierra, la austeridad de vida y la obediencia sincera y sin disimulo.

Pedidle, pues, a √Čl, que os conceda imitarlo en su caridad hasta el extremo para con todos, sin rehuir a los alejados y pecadores, de forma que, con vuestra ayuda, se conviertan y vuelvan al buen camino. Pedidle que os ense√Īe a estar muy cerca de los enfermos y de los pobres, con sencillez y generosidad.

Afrontad este reto sin complejos ni mediocridad, antes bien como una bella forma de realizar la vida humana en gratuidad y en servicio, siendo testigos de Dios hecho hombre, mensajeros de la altísima dignidad de la persona humana y, por consiguiente, sus defensores incondicionales. Apoyados en su amor, no os dejéis intimidar por un entorno en el que se pretende excluir a Dios y en el que el poder, el tener o el placer a menudo son los principales criterios por los que se rige la existencia. Puede que os menosprecien, como se suele hacer con quienes evocan metas más altas o desenmascaran los ídolos ante los que hoy muchos se postran. Será entonces cuando una vida hondamente enraizada en Cristo se muestre realmente como una novedad y atraiga con fuerza a quienes de veras buscan a Dios, la verdad y la justicia.

Alentados por vuestros formadores, abrid vuestra alma a la luz del Se√Īor para ver si este camino, que requiere valent√≠a y autenticidad, es el vuestro, avanzando hacia el sacerdocio solamente si est√°is firmemente persuadidos de que Dios os llama a ser sus ministros y plenamente decididos a ejercerlo obedeciendo las disposiciones de la Iglesia.

Con esa confianza, aprended de Aquel que se defini√≥ a s√≠ mismo como manso y humilde de coraz√≥n, despoj√°ndoos para ello de todo deseo mundano, de manera que no os busqu√©is a vosotros mismos, sino que con vuestro comportamiento edifiqu√©is a vuestros hermanos, como hizo el santo patrono del clero secular espa√Īol, san Juan de √Āvila. Animados por su ejemplo, mirad, sobre todo, a la Virgen Mar√≠a, Madre de los sacerdotes.

Ella sabr√° forjar vuestra alma seg√ļn el modelo de Cristo, su divino Hijo, y os ense√Īar√° siempre a custodiar los bienes que √Čl adquiri√≥ en el Calvario para la salvaci√≥n del mundo. Am√©n.

Discurso del Papa en el Instituto San José de Madrid
S√°bado 20 de agosto de 2011
Se√Īor Cardenal Arzobispo de Madrid,

Queridos hermanos en el Episcopado,

Queridos sacerdotes y religiosos de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios,

Distinguidas Autoridades,

Queridos jóvenes, familiares y voluntarios aquí presentes

Gracias de corazón por el amable saludo y la cordial acogida que me habéis dispensado.

Esta noche, antes de la vigilia de oraci√≥n con los j√≥venes de todo el mundo que han venido a Madrid para participar en esta Jornada Mundial de la Juventud, tenemos ocasi√≥n de pasar algunos momentos juntos y as√≠ poder manifestaros la cercan√≠a y el aprecio del Papa por cada uno de vosotros, por vuestras familias y por todas las personas que os acompa√Īan y cuidan en esta Fundaci√≥n del Instituto San Jos√©.

La juventud, lo hemos recordado otras veces, es la edad en la que la vida se desvela a la persona con toda la riqueza y plenitud de sus potencialidades, impulsando la b√ļsqueda de metas m√°s altas que den sentido a la misma. Por eso, cuando el dolor aparece en el horizonte de una vida joven, quedamos desconcertados y quiz√° nos preguntemos: ¬ŅPuede seguir siendo grande la vida cuando irrumpe en ella el sufrimiento? A este respecto, en mi enc√≠clica sobre la esperanza cristiana, dec√≠a: "La grandeza de la humanidad est√° determinada esencialmente por su relaci√≥n con el sufrimiento y con el que sufre (‚Ķ). Una sociedad que no logra aceptar a los que sufren y no es capaz de contribuir mediante la compasi√≥n a que el sufrimiento sea compartido y sobrellevado tambi√©n interiormente, es una sociedad cruel e inhumana" (Spe salvi, 38).

Estas palabras reflejan una larga tradici√≥n de humanidad que brota del ofrecimiento que Cristo hace de s√≠ mismo en la Cruz por nosotros y por nuestra redenci√≥n. Jes√ļs y, siguiendo sus huellas, su Madre Dolorosa y los santos son los testigos que nos ense√Īan a vivir el drama del sufrimiento para nuestro bien y la salvaci√≥n del mundo.

Estos testigos nos hablan, ante todo, de la dignidad de cada vida humana, creada a imagen de Dios. Ninguna aflicci√≥n es capaz de borrar esta impronta divina grabada en lo m√°s profundo del hombre. Y no solo: desde que el Hijo de Dios quiso abrazar libremente el dolor y la muerte, la imagen de Dios se nos ofrece tambi√©n en el rostro de quien padece. Esta especial predilecci√≥n del Se√Īor por el que sufre nos lleva a mirar al otro con ojos limpios, para darle, adem√°s de las cosas externas que precisa, la mirada de amor que necesita. Pero esto √ļnicamente es posible realizarlo como fruto de un encuentro personal con Cristo. De ello sois muy conscientes vosotros, religiosos, familiares, profesionales de la salud y voluntarios que viv√≠s y trabaj√°is cotidianamente con estos j√≥venes. Vuestra vida y dedicaci√≥n proclaman la grandeza a la que est√° llamado el hombre: compadecerse y acompa√Īar por amor a quien sufre, como ha hecho Dios mismo. Y en vuestra hermosa labor resuenan tambi√©n las palabras evang√©licas: "Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos m√°s peque√Īos, conmigo lo hicisteis" (Mt 25, 40).

Por otro lado, vosotros sois tambi√©n testigos del bien inmenso que constituye la vida de estos j√≥venes para quien est√° a su lado y para la humanidad entera. De manera misteriosa pero muy real, su presencia suscita en nuestros corazones, frecuentemente endurecidos, una ternura que nos abre a la salvaci√≥n. Ciertamente, la vida de estos j√≥venes cambia el coraz√≥n de los hombres y, por ello, estamos agradecidos al Se√Īor por haberlos conocido.

Queridos amigos, nuestra sociedad, en la que demasiado a menudo se pone en duda la dignidad inestimable de la vida, de cada vida, os necesita: vosotros contribu√≠s decididamente a edificar la civilizaci√≥n del amor. M√°s a√ļn, sois protagonistas de esta civilizaci√≥n. Y como hijos de la Iglesia ofrec√©is al Se√Īor vuestras vidas, con sus penas y sus alegr√≠as, colaborando con √Čl y entrando "a formar parte de alg√ļn modo del tesoro de compasi√≥n que necesita el g√©nero humano" (Spe salvi, 40).

Con afecto entra√Īable, y por intercesi√≥n de San Jos√©, de San Juan de Dios y de San Benito Menni, os encomiendo de todo coraz√≥n a Dios nuestro Se√Īor: que √Čl sea vuestra fuerza y vuestro premio. De su amor sea signo la Bendici√≥n Apost√≥lica que os imparto a vosotros y a todos vuestros familiares y amigos.


Homilía del Papa Benedicto XVI en la Vigilia de Cuatro Vientos
S√°bado 20 de agosto de 2011

[Discurso preparado por el Papa, que en la tradición pontificia se considera como pronunciado]

Debido a la tormenta que irrumpió en el aeródromo de Cuatro Vientos en Madrid, el Santo Padre no pudo pronunciar el discurso íntegro. Aquí reproducimos el texto entregado por la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

Queridos amigos:

Os saludo a todos, pero en particular a los jóvenes que me han formulado sus preguntas, y les agradezco la sinceridad con que han planteado sus inquietudes, que expresan en cierto modo el anhelo de todos vosotros por alcanzar algo grande en la vida, algo que os dé plenitud y felicidad.

Pero, ¬Ņc√≥mo puede un joven ser fiel a la fe cristiana y seguir aspirando a grandes ideales en la sociedad actual? En el evangelio que hemos escuchado, Jes√ļs nos da una respuesta a esta importante cuesti√≥n: ¬ęComo el Padre me ha amado, as√≠ os he amado yo; permaneced en mi amor¬Ľ (Jn 15, 9).

S√≠, queridos amigos, Dios nos ama. √Čsta es la gran verdad de nuestra vida y que da sentido a todo lo dem√°s. No somos fruto de la casualidad o la irracionalidad, sino que en el origen de nuestra existencia hay un proyecto de amor de Dios. Permanecer en su amor significa entonces vivir arraigados en la fe, porque la fe no es la simple aceptaci√≥n de unas verdades abstractas, sino una relaci√≥n √≠ntima con Cristo que nos lleva a abrir nuestro coraz√≥n a este misterio de amor y a vivir como personas que se saben amadas por Dios.

Si permanecéis en el amor de Cristo, arraigados en la fe, encontraréis, aun en medio de contrariedades y sufrimientos, la raíz del gozo y la alegría. La fe no se opone a vuestros ideales más altos, al contrario, los exalta y perfecciona. Queridos jóvenes, no os conforméis con menos que la Verdad y el Amor, no os conforméis con menos que Cristo.

Precisamente ahora, en que la cultura relativista dominante renuncia y desprecia la b√ļsqueda de la verdad, que es la aspiraci√≥n m√°s alta del esp√≠ritu humano, debemos proponer con coraje y humildad el valor universal de Cristo, como salvador de todos los hombres y fuente de esperanza para nuestra vida. √Čl, que tom√≥ sobre s√≠ nuestras aflicciones, conoce bien el misterio del dolor humano y muestra su presencia amorosa en todos los que sufren. Estos, a su vez, unidos a la pasi√≥n de Cristo, participan muy de cerca en su obra de redenci√≥n. Adem√°s, nuestra atenci√≥n desinteresada a los enfermos y postergados, siempre ser√° un testimonio humilde y callado del rostro compasivo de Dios.

Queridos amigos, que ninguna adversidad os paralice. No teng√°is miedo al mundo, ni al futuro, ni a vuestra debilidad. El Se√Īor os ha otorgado vivir en este momento de la historia, para que gracias a vuestra fe siga resonando su Nombre en toda la tierra.

En esta vigilia de oración, os invito a pedir a Dios que os ayude a descubrir vuestra vocación en la sociedad y en la Iglesia y a perseverar en ella con alegría y fidelidad. Vale la pena acoger en nuestro interior la llamada de Cristo y seguir con valentía y generosidad el camino que él nos proponga.

A muchos, el Se√Īor los llama al matrimonio, en el que un hombre y una mujer, formando una sola carne (cf. Gn 2, 24), se realizan en una profunda vida de comuni√≥n. Es un horizonte luminoso y exigente a la vez. Un proyecto de amor verdadero que se renueva y ahonda cada d√≠a compartiendo alegr√≠as y dificultades, y que se caracteriza por una entrega de la totalidad de la persona. Por eso, reconocer la belleza y bondad del matrimonio, significa ser conscientes de que solo un √°mbito de fidelidad e indisolubilidad, as√≠ como de apertura al don divino de la vida, es el adecuado a la grandeza y dignidad del amor matrimonial.

A otros, en cambio, Cristo los llama a seguirlo m√°s de cerca en el sacerdocio o en la vida consagrada. Qu√© hermoso es saber que Jes√ļs te busca, se fija en ti y con su voz inconfundible te dice tambi√©n a ti: ¬ę¬°S√≠gueme!¬Ľ (cf. Mc 2,14).

Queridos j√≥venes, para descubrir y seguir fielmente la forma de vida a la que el Se√Īor os llame a cada uno, es indispensable permanecer en su amor como amigos. Y, ¬Ņc√≥mo se mantiene la amistad si no es con el trato frecuente, la conversaci√≥n, el estar juntos y el compartir ilusiones o pesares? Santa Teresa de Jes√ļs dec√≠a que la oraci√≥n es ¬ętratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama¬Ľ (cf. Libro de la vida, 8).

Os invito, pues, a permanecer ahora en la adoraci√≥n a Cristo, realmente presente en la Eucarist√≠a. A dialogar con √Čl, a poner ante √Čl vuestras preguntas y a escucharlo. Queridos amigos, yo rezo por vosotros con toda el alma. Os suplico que rec√©is tambi√©n por m√≠. Pid√°mosle al Se√Īor en esta noche que, atra√≠dos por la belleza de su amor, vivamos siempre fielmente como disc√≠pulos suyos. Am√©n.

Saludo en francés

[Traducci√≥n espa√Īola: Queridos j√≥venes de lengua francesa, estad orgullosos por haber recibido el don de la fe, que iluminar√° vuestra vida en todo momento. Apoyaos en la fe de aquellos que est√°n cerca de vosotros, en la fe de la Iglesia. Gracias a la fe estamos cimentados en Cristo. Encontraros con otros para profundizar en ella, participad en la Eucarist√≠a, misterio de la fe por excelencia. Solamente Cristo puede responder a vuestras aspiraciones. Dejaros conquistar por Dios para que vuestra presencia d√© a la Iglesia un impulso nuevo.]

Saludo en inglés

[Traducci√≥n espa√Īola: Queridos j√≥venes, en estos momentos de silencio delante del Sant√≠simo Sacramento, elevemos nuestras mentes y corazones a Jesucristo, el Se√Īor de nuestras vidas y del futuro. Que √Čl derrame su Esp√≠ritu sobre nosotros y sobre toda la Iglesia, para que seamos promotores de libertad, reconciliaci√≥n y paz en todo el mundo.]

Saludo en alem√°n

[Traducci√≥n espa√Īola: Queridos j√≥venes de lengua alemana. En el fondo, lo que nuestro coraz√≥n desea es lo bueno y bello de la vida. No permit√°is que vuestros deseos y anhelos caigan en el vac√≠o, antes bien haced que cobren fuerza en Cristo. √Čl es el cimiento firme, el punto de referencia seguro para una vida plena.]

Saludo en italiano

[Traducci√≥n espa√Īola: Me dirijo ahora a los j√≥venes de lengua italiana. Queridos amigos, esta Vigilia quedar√° como una experiencia inolvidable en vuestra vida. Conservad la llama que

Dios ha encendido en vuestros corazones en esta noche: procurad que no se apague, alimentadla cada d√≠a, compartidla con vuestros coet√°neos que viven en la oscuridad y buscan una luz para su camino. Gracias. Adi√≥s. Hasta ma√Īana.]

Saludo en portugués

[Traducci√≥n espa√Īola: Mis queridos amigos, os invito a todos a establecer un di√°logo personal con Cristo, exponi√©ndole las propias dudas y sobre todo escuch√°ndolo. El Se√Īor est√° aqu√≠ y os llama. J√≥venes amigos, vale la pena escuchar en nuestro interior la Palabra de Jes√ļs y caminar siguiendo sus pasos. Pedid al Se√Īor que os ayude a descubrir vuestra vocaci√≥n en la vida y en la Iglesia, y a perseverar en ella con alegr√≠a y fidelidad, sabiendo que √Čl nunca os abandonar√° ni os traicionar√°. √Čl est√° con nosotros hasta el fin del mundo.]

Saludo en polaco

[Traducci√≥n italiana: Queridos amigos procedentes de Polonia. Esta vigilia de oraci√≥n est√° colmada de la presencia de Cristo. Seguros de su amor, acercaos a √Čl con la llama de vuestra fe. √Čl os colmar√° de su vida. Edificad vuestra vida sobre Cristo y su Evangelio. Os bendigo de coraz√≥n.]

Homilía de la Misa de envío en el aeródromo de Cuatro Vientos
Domingo 21 de agosto de 2011

logo JMJ 2011Queridos jóvenes:

Con la celebraci√≥n de la Eucarist√≠a llegamos al momento culminante de esta Jornada Mundial de la Juventud. Al veros aqu√≠, venidos en gran n√ļmero de todas partes, mi coraz√≥n se llena de gozo pensando en el afecto especial con el que Jes√ļs os mira. S√≠, el Se√Īor os quiere y os llama amigos suyos (cf. Jn 15,15).

√Čl viene a vuestro encuentro y desea acompa√Īaros en vuestro camino, para abriros las puertas de una vida plena, y haceros part√≠cipes de su relaci√≥n √≠ntima con el Padre. Nosotros, por nuestra parte, conscientes de la grandeza de su amor, deseamos corresponder con toda generosidad a esta muestra de predilecci√≥n con el prop√≥sito de compartir tambi√©n con los dem√°s la alegr√≠a que hemos recibido.

Ciertamente, son muchos en la actualidad los que se sienten atra√≠dos por la figura de Cristo y desean conocerlo mejor. Perciben que √Čl es la respuesta a muchas de sus inquietudes personales. Pero, ¬Ņqui√©n es √Čl realmente? ¬ŅC√≥mo es posible que alguien que ha vivido sobre la tierra hace tantos a√Īos tenga algo que ver conmigo hoy?

En el evangelio que hemos escuchado (cf. Mt 16, 13-20), vemos representados como dos modos distintos de conocer a Cristo. El primero consistir√≠a en un conocimiento externo, caracterizado por la opini√≥n corriente. A la pregunta de Jes√ļs: ¬ę¬ŅQui√©n dice la gente que es el Hijo del hombre?¬Ľ, los disc√≠pulos responden: ¬ęUnos que Juan el Bautista, otros que El√≠as, otros que Jerem√≠as o uno de los profetas¬Ľ.

Es decir, se considera a Cristo como un personaje religioso m√°s de los ya conocidos. Despu√©s, dirigi√©ndose personalmente a los disc√≠pulos, Jes√ļs les pregunta: ¬ęY vosotros, ¬Ņqui√©n dec√≠s que soy yo?¬Ľ. Pedro responde con lo que es la primera confesi√≥n de fe: ¬ęT√ļ eres el Mes√≠as, el Hijo del Dios vivo¬Ľ. La fe va m√°s all√° de los simples datos emp√≠ricos o hist√≥ricos, y es capaz de captar el misterio de la persona de Cristo en su profundidad.

Pero la fe no es fruto del esfuerzo humano, de su raz√≥n, sino que es un don de Dios: ¬ę¬°Dichoso t√ļ, Sim√≥n, hijo de Jon√°s!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que est√° en los cielos¬Ľ. Tiene su origen en la iniciativa de Dios, que nos desvela su intimidad y nos invita a participar de su misma vida divina. La fe no proporciona s√≥lo alguna informaci√≥n sobre la identidad de Cristo, sino que supone una relaci√≥n personal con √Čl, la adhesi√≥n de toda la persona, con su inteligencia, voluntad y sentimientos, a la manifestaci√≥n que Dios hace de s√≠ mismo.

As√≠, la pregunta de Jes√ļs: ¬ęY vosotros, ¬Ņqui√©n dec√≠s que soy yo?¬Ľ, en el fondo est√° impulsando a los disc√≠pulos a tomar una decisi√≥n personal en relaci√≥n a √Čl. Fe y seguimiento de Cristo est√°n estrechamente relacionados. Y, puesto que supone seguir al Maestro, la fe tiene que consolidarse y crecer, hacerse m√°s profunda y madura, a medida que se intensifica y fortalece la relaci√≥n con Jes√ļs, la intimidad con √Čl. Tambi√©n Pedro y los dem√°s ap√≥stoles tuvieron que avanzar por este camino, hasta que el encuentro con el Se√Īor resucitado les abri√≥ los ojos a una fe plena.

Queridos j√≥venes, tambi√©n hoy Cristo se dirige a vosotros con la misma pregunta que hizo a los ap√≥stoles: ¬ęY vosotros, ¬Ņqui√©n dec√≠s que soy yo?¬Ľ. Respondedle con generosidad y valent√≠a, como corresponde a un coraz√≥n joven como el vuestro. Decidle: Jes√ļs, yo s√© que T√ļ eres el Hijo de Dios que has dado tu vida por m√≠. Quiero seguirte con fidelidad y dejarme guiar por tu palabra. T√ļ me conoces y me amas. Yo me f√≠o de ti y pongo mi vida entera en tus manos. Quiero que seas la fuerza que me sostenga, la alegr√≠a que nunca me abandone.

En su respuesta a la confesi√≥n de Pedro, Jes√ļs habla de la Iglesia: ¬ęY yo a mi vez te digo que t√ļ eres Pedro, y sobre esta piedra edificar√© mi Iglesia¬Ľ. ¬ŅQu√© significa esto? Jes√ļs construye la Iglesia sobre la roca de la fe de Pedro, que confiesa la divinidad de Cristo. S√≠, la Iglesia no es una simple instituci√≥n humana, como otra cualquiera, sino que est√° estrechamente unida a Dios. El mismo Cristo se refiere a ella como ¬ęsu¬Ľ Iglesia. No se puede separar a Cristo de la Iglesia, como no se puede separar la cabeza del cuerpo (cf. 1Co 12,12). La Iglesia no vive de s√≠ misma, sino del Se√Īor. √Čl est√° presente en medio de ella, y le da vida, alimento y fortaleza.

Queridos j√≥venes, permitidme que, como Sucesor de Pedro, os invite a fortalecer esta fe que se nos ha transmitido desde los Ap√≥stoles, a poner a Cristo, el Hijo de Dios, en el centro de vuestra vida. Pero permitidme tambi√©n que os recuerde que seguir a Jes√ļs en la fe es caminar con √Čl en la comuni√≥n de la Iglesia. No se puede seguir a Jes√ļs en solitario. Quien cede a la tentaci√≥n de ir ¬ępor su cuenta¬Ľ o de vivir la fe seg√ļn la mentalidad individualista, que predomina en la sociedad, corre el riesgo de no encontrar nunca a Jesucristo, o de acabar siguiendo una imagen falsa de √Čl.

Tener fe es apoyarse en la fe de tus hermanos, y que tu fe sirva igualmente de apoyo para la de otros. Os pido, queridos amigos, que améis a la Iglesia, que os ha engendrado en la fe, que os ha ayudado a conocer mejor a Cristo, que os ha hecho descubrir la belleza de su amor. Para el crecimiento de vuestra amistad con Cristo es fundamental reconocer la importancia de vuestra gozosa inserción en las parroquias, comunidades y movimientos, así como la participación en la Eucaristía de cada domingo, la recepción frecuente del sacramento del perdón, y el cultivo de la oración y meditación de la Palabra de Dios.

De esta amistad con Jes√ļs nacer√° tambi√©n el impulso que lleva a dar testimonio de la fe en los m√°s diversos ambientes, incluso all√≠ donde hay rechazo o indiferencia. No se puede encontrar a Cristo y no darlo a conocer a los dem√°s. Por tanto, no os guard√©is a Cristo para vosotros mismos. Comunicad a los dem√°s la alegr√≠a de vuestra fe.

El mundo necesita el testimonio de vuestra fe, necesita ciertamente a Dios. Pienso que vuestra presencia aqu√≠, j√≥venes venidos de los cinco continentes, es una maravillosa prueba de la fecundidad del mandato de Cristo a la Iglesia: ¬ęId al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creaci√≥n¬Ľ (Mc 16,15). Tambi√©n a vosotros os incumbe la extraordinaria tarea de ser disc√≠pulos y misioneros de Cristo en otras tierras y pa√≠ses donde hay multitud de j√≥venes que aspiran a cosas m√°s grandes y, vislumbrando en sus corazones la posibilidad de valores m√°s aut√©nticos, no se dejan seducir por las falsas promesas de un estilo de vida sin Dios.

Queridos j√≥venes, rezo por vosotros con todo el afecto de mi coraz√≥n. Os encomiendo a la Virgen Mar√≠a, para que ella os acompa√Īe siempre con su intercesi√≥n maternal y os ense√Īe la fidelidad a la Palabra de Dios. Os pido tambi√©n que rec√©is por el Papa, para que, como Sucesor de Pedro, pueda seguir confirmando a sus hermanos en la fe.

Que todos en la Iglesia, pastores y fieles, nos acerquemos cada d√≠a m√°s al Se√Īor, para que crezcamos en santidad de vida y demos as√≠ un testimonio eficaz de que Jesucristo es verdaderamente el Hijo de Dios, el Salvador de todos los hombres y la fuente viva de su esperanza. Am√©n.


Despedida del Papa de los jóvenes al final de la Misa de clausura
Domingo 21 de agosto de 2011

Saludo con afecto al Se√Īor Arzobispo castrense y agradezco vivamente al Ej√©rcito del Aire el haber cedido con tanta generosidad la Base A√©rea de Cuatro Vientos, precisamente en el centenario de la creaci√≥n de la aviaci√≥n militar espa√Īola. Pongo a todos los que la integran y a sus familias bajo el materno amparo de Mar√≠a Sant√≠sima, en su advocaci√≥n de Nuestra Se√Īora de Loreto.

As√≠mismo, y al conmemorarse ayer el tercer aniversario del grave accidente a√©reo ocurrido en el aeropuerto de Barajas, que ocasion√≥ numerosas v√≠ctimas y heridos, deseo hacer llegar mi cercan√≠a espiritual y mi afecto entra√Īable a todos los afectados por ese lamentable suceso, as√≠ como a los familiares de los fallecidos, cuyas almas encomendamos a la misericordia de Dios.

Me complace anunciar ahora que la sede de la pr√≥xima Jornada Mundial de la Juventud, en el 2013, ser√° R√≠o de Janeiro. Pidamos al Se√Īor ya desde este instante que asista con su fuerza a cuantos han de ponerla en marcha y allane el camino a los j√≥venes de todo el mundo para que puedan reunirse nuevamente con el Papa en esa bella ciudad brasile√Īa.

Queridos amigos, antes de despedirnos, y a la vez que los j√≥venes de Espa√Īa entregan a los de Brasil la cruz de las Jornadas Mundiales de la Juventud, como Sucesor de Pedro, conf√≠o a todos los aqu√≠ presentes este gran cometido: Llevad el conocimiento y el amor de Cristo por todo el mundo. √Čl quiere que se√°is sus ap√≥stoles en el siglo XXI y los mensajeros de su alegr√≠a. !No lo defraud√©is! Muchas gracias.

Saludo en francés

[Traducci√≥n espa√Īola: Queridos j√≥venes de lengua francesa, Cristo os pide hoy que est√©is arraigados en El y construy√°is con El vuestra vida sobre la roca que es El mismo. √Čl os env√≠a para que se√°is testigos valientes y sin complejos, aut√©nticos y cre√≠bles. No teng√°is miedo de ser cat√≥licos, dando siempre testimonio de ello a vuestro alrededor, con sencillez y sinceridad. Que la Iglesia halle en vosotros y en vuestra juventud a los misioneros gozosos de la Buena Noticia.]

Saludo en inglés

[Traducci√≥n espa√Īola: Saludo a todos los j√≥venes de lengua inglesa que est√°n hoy aqu√≠. Al regresar a vuestra casa, llevad con vosotros la Buena Noticia del amor de Cristo, que hab√©is experimentado en estos dias inolvidables. Con los ojos fijos en El, profundizad en vuestro conocimiento del Evangelio y dad abundantes frutos. Dios os bendiga hasta que nos encontremos nuevamente.]

Saludo en alem√°n

[Traducci√≥n espa√Īola: Mis queridos amigos. La fe no es una teor√≠a. Creer significa entrar en una relaci√≥n personal con Jes√ļs y vivir la amistad con El en comuni√≥n con los dem√°s, en la comunidad de la Iglesia. Confiad a Cristo toda vuestra vida, y ayudad a vuestros amigos a alcanzar la fuente de la vida: Dios. Que el Senor haga de vosotros testigos gozosos de su amor.]

Saludo en italiano

[Traducci√≥n espa√Īola: Queridos j√≥venes de lengua italiana. Os saludo a todos. La Eucarist√≠a que hemos celebrado es Cristo Resucitado, presente y vivo en medio de nosotros: Gracias a √Čl, vuestra vida esta arraigada y fundada en Dios, firme en la fe. Con esta certeza, marchad de Madrid y anunciad a todos lo que hab√©is visto y o√≠do. Responded con gozo a la llamada del Se√Īor, seguidlo y permaneced siempre unidos a El: dar√©is mucho fruto.]

Saludo en portugués

[Traduccion espanola: Queridos jovenes y amigos de lengua portuguesa, habeis encontrado a Jesucristo. Os sentireis yendo contra corriente en medio de una sociedad donde impera la cultura relativista que renuncia a buscar y a poseer la verdad. Pero el Senor os ha enviado en este momento de la historia, lleno de grandes desafios y oportunidades, para que, gracias a vuestra fe, siga resonando por toda la tierra la Buena Nueva de Cristo. Espero poder encontraros dentro de dos anos en la proxima Jornada Mundial de la Juventud, en Rio de Janeiro, Brasil. Hasta entonces, recemos unos por otros, dando testimonio de la alegria que brota de vivir enraizados y edificados en Cristo. Hasta pronto, queridos jovenes. Que Dios os bendiga.]

Saludo en polaco:

[Traduccion espa√Īola: Queridos jovenes polacos, firmes en la fe, arraigados en Cristo. Los talentos recibidos de Dios en estos dias produzcan en vosotros abundantes frutos. Sed sus testigos. Llevad a los demas el mensaje del Evangelio. Con vuestra oracion y con el ejemplo de la vida, ayudad a Europa a encontrar sus raices cristianas.

Discurso a los voluntarios de la JMJ Madrid en el IFEMA
Domingo 21 de agosto de 2011

Queridos voluntarios

Al concluir los actos de esta inolvidable Jornada Mundial de la Juventud, he querido detenerme aquí, antes de regresar a Roma, para daros las gracias muy vivamente por vuestro inestimable servicio. Es un deber de justicia y una necesidad del corazón. Deber de justicia, porque, gracias a vuestra colaboración, los jóvenes peregrinos han podido encontrar una amable acogida y una ayuda en todas sus necesidades. Con vuestro servicio habéis dado a la Jornada Mundial el rostro de la amabilidad, la simpatía y la entrega a los demás.

Mi gratitud es también una necesidad del corazón, porque no solo habéis estado atentos a los peregrinos, sino también al Papa. En todos los actos en los que he participado, allí estabais vosotros: unos visiblemente y otros en un segundo plano, haciendo posible el orden requerido para que todo fuera bien. No puedo tampoco olvidar el esfuerzo de la preparación de estos días.

Cu√°ntos sacrificios, cu√°nto cari√Īo. Todos, cada uno como sab√≠a y pod√≠a, puntada a puntada, hab√©is ido tejiendo con vuestro trabajo y oraci√≥n el maravillo cuadro multicolor de esta Jornada.

Muchas gracias por vuestra dedicaci√≥n. Os agradezco este gesto entra√Īable de amor. Muchos de vosotros hab√©is debido renunciar a participar de un modo directo en los actos, al tener que ocuparos de otras tareas de la organizaci√≥n. Sin embargo, esa renuncia ha sido un modo hermoso y evang√©lico de participar en la Jornada: el de la entrega a los dem√°s de la que habla Jes√ļs.

En cierto sentido, hab√©is hecho realidad las palabras del Se√Īor: ¬ęSi uno quiere ser el primero, sea el √ļltimo de todos y el servidor de todos¬Ľ (Mc 9,35). Tengo la certeza de que esta experiencia como voluntarios os ha enriquecido a todos en vuestra vida cristiana, que es fundamentalmente un servicio de amor. El Se√Īor trasformar√° vuestro cansancio acumulado, las preocupaciones y el agobio de muchos momentos en frutos de virtudes cristianas: paciencia, mansedumbre, alegr√≠a en el darse a los dem√°s, disponibilidad para cumplir la voluntad de Dios.

Amar es servir y el servicio acrecienta el amor. Pienso que es este uno de los frutos más bellos de vuestra contribución a la Jornada Mundial de la Juventud. Pero esta cosecha no la recogéis solo vosotros, sino la Iglesia entera que, como misterio de comunión, se enriquece con la aportación de cada uno de sus miembros.

Al volver ahora a vuestra vida ordinaria, os animo a que guard√©is en vuestro coraz√≥n esta gozosa experiencia y a que crezc√°is cada d√≠a m√°s en la entrega de vosotros mismos a Dios y a los hombres. Es posible que en muchos de vosotros se haya despertado t√≠mida o poderosamente una pregunta muy sencilla: ¬ŅQu√© quiere Dios de m√≠? ¬ŅCu√°l es su designio sobre mi vida? ¬ŅMe llama Cristo a seguirlo m√°s de cerca? ¬ŅNo podr√≠a yo gastar mi vida entera en la misi√≥n de anunciar al mundo la grandeza de su amor a trav√©s del sacerdocio, la vida consagrada o el matrimonio?

Si ha surgido esa inquietud, dejaos llevar por el Se√Īor y ofreceos como voluntarios al servicio de Aquel que ¬ęno ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos¬Ľ (Mc 10,45). Vuestra vida alcanzar√° una plenitud insospechada. Quiz√°s alguno est√© pensando: el Papa ha venido a darnos las gracias y se va pidiendo. S√≠, as√≠ es. √Čsta es la misi√≥n del Papa, Sucesor de Pedro. Y no olvid√©is que Pedro, en su primera carta, recuerda a los cristianos el precio con que han sido rescatados: el de la sangre de Cristo (cf. 1P 1, 18-19).

Quien valora su vida desde esta perspectiva sabe que al amor de Cristo solo se puede responder con amor, y eso es lo que os pide el Papa en esta despedida: que respond√°is con amor a quien por amor se ha entregado por vosotros. Gracias de nuevo y que Dios vaya siempre con vosotros.

Discurso de despedida en el aeropuerto internacional de Barajas
Domingo 21 de agosto de 2011

Majestades,

Distinguidas Autoridades nacionales, autonómicas y locales,

Se√Īor Cardenal Arzobispo de Madrid y Presidente de la Conferencia Episcopal Espa√Īola,

Se√Īores Cardenales y Hermanos en el Episcopado,

Amigos todos:

Ha llegado el momento de despedirnos. Estos d√≠as pasados en Madrid, con una representaci√≥n tan numerosa de j√≥venes de Espa√Īa y todo el mundo, quedar√°n hondamente grabados en mi memoria y en mi coraz√≥n.

Majestad, el Papa se ha sentido muy bien en Espa√Īa. Tambi√©n los j√≥venes protagonistas de esta Jornada Mundial de la Juventud han sido muy bien acogidos aqu√≠ y en tantas ciudades y localidades espa√Īolas, que han podido visitar en los d√≠as previos a la Jornada.

Gracias a Vuestra Majestad por sus cordiales palabras y por haber querido acompa√Īarme tanto en el recibimiento como, ahora, al despedirme. Gracias a las Autoridades nacionales, auton√≥micas y locales, que han mostrado con su cooperaci√≥n fina sensibilidad por este acontecimiento internacional.

Gracias a los miles de voluntarios, que han hecho posible el buen desarrollo de todas las actividades de este encuentro: los diversos actos literarios, musicales, culturales y religiosos del ¬ęFestival joven¬Ľ, las catequesis de los Obispos y los actos centrales celebrados con el Sucesor de Pedro. Gracias a las fuerzas de seguridad y del orden, as√≠ como a los que han colaborado prestando los m√°s variados servicios: desde el cuidado de la m√ļsica y de la liturgia, hasta el transporte, la atenci√≥n sanitaria y los avituallamientos.

Espa√Īa es una gran Naci√≥n que, en una convivencia sanamente abierta, plural y respetuosa, sabe y puede progresar sin renunciar a su alma profundamente religiosa y cat√≥lica. Lo ha manifestado una vez m√°s en estos d√≠as, al desplegar su capacidad t√©cnica y humana en una empresa de tanta trascendencia y de tanto futuro, como es el facilitar que la juventud hunda sus ra√≠ces en Jesucristo, el Salvador.

Una palabra de especial gratitud se debe a los organizadores de la Jornada: al Cardenal Presidente del Pontificio Consejo para los Laicos y a todo el personal de ese Dicasterio; al Se√Īor Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mar√≠a Rouco Varela, junto con sus Obispos auxiliares y toda la archidi√≥cesis; en particular, al Coordinador General de la Jornada, Monse√Īor C√©sar Augusto Franco Mart√≠nez, y a sus colaboradores, tantos y tan generosos.

Los Obispos han trabajado con solicitud y abnegaci√≥n en sus di√≥cesis para la esmerada preparaci√≥n de la Jornada, junto con los sacerdotes, personas consagradas y fieles laicos. A todos, mi reconocimiento, junto con mi s√ļplica al Se√Īor para que bendiga sus afanes apost√≥licos.

Y no puedo dejar de dar las gracias de todo coraz√≥n a los j√≥venes por haber venido a esta Jornada, por su participaci√≥n alegre, entusiasta e intensa. A ellos les digo: Gracias y enhorabuena por el testimonio que hab√©is dado en Madrid y en el resto de ciudades espa√Īolas en las que hab√©is estado.

Os invito ahora a difundir por todos los rincones del mundo la gozosa y profunda experiencia de fe vivida en este noble País. Transmitid vuestra alegría especialmente a los que hubieran querido venir y no han podido hacerlo por las más diversas circunstancias, a tantos como han rezado por vosotros y a quienes la celebración misma de la Jornada les ha tocado el corazón.

Con vuestra cercan√≠a y testimonio, ayudad a vuestros amigos y compa√Īeros a descubrir que amar a Cristo es vivir en plenitud.

Dejo Espa√Īa contento y agradecido a todos. Pero sobre todo a Dios, Nuestro Se√Īor, que me ha permitido celebrar esta Jornada, tan llena de gracia y emoci√≥n, tan cargada de dinamismo y esperanza. S√≠, la fiesta de la fe que hemos compartido nos permite mirar hacia adelante con mucha confianza en la providencia, que gu√≠a a la Iglesia por los mares de la historia.

Por eso permanece joven y con vitalidad, aun afrontando arduas situaciones. Esto es obra del Espíritu Santo, que hace presente a Jesucristo en los corazones de los jóvenes de cada época y les muestra así la grandeza de la vocación divina de todo ser humano.

Hemos podido comprobar tambi√©n c√≥mo la gracia de Cristo derrumba los muros y franquea las fronteras que el pecado levanta entre los pueblos y las generaciones, para hacer de todos los hombres una sola familia que se reconoce unida en el √ļnico Padre com√ļn, y que cultiva con su trabajo y respeto todo lo que √Čl nos ha dado en la Creaci√≥n.

Los j√≥venes responden con diligencia cuando se les propone con sinceridad y verdad el encuentro con Jesucristo, √ļnico redentor de la humanidad. Ellos regresan ahora a sus casas como misioneros del Evangelio, ‚Äėarraigados y cimentados en Cristo, firmes en la fe‚Äô, y necesitar√°n ayuda en su camino.

Encomiendo, pues, de modo particular a los Obispos, sacerdotes, religiosos y educadores cristianos, el cuidado de la juventud, que desea responder con ilusi√≥n a la llamada del Se√Īor. No hay que desanimarse ante las contrariedades que, de diversos modos, se presentan en algunos pa√≠ses.

M√°s fuerte que todas ellas es el anhelo de Dios, que el Creador ha puesto en el coraz√≥n de los j√≥venes, y el poder de lo alto, que otorga fortaleza divina a los que siguen al Maestro y a los que buscan en √Čl alimento para la vida. No tem√°is presentar a los j√≥venes el mensaje de Jesucristo en toda su integridad e invitarlos a los sacramentos, por los cuales nos hace part√≠cipes de su propia vida.

Majestad, antes de volver a Roma, quisiera asegurar a los espa√Īoles que los tengo muy presentes en mi oraci√≥n, rezando especialmente por los matrimonios y las familias que afrontan dificultades de diversa naturaleza, por los necesitados y enfermos, por los mayores y los ni√Īos, y tambi√©n por los que no encuentran trabajo. Rezo igualmente por los j√≥venes de Espa√Īa.

Estoy convencido de que, animados por la fe en Cristo, aportar√°n lo mejor de s√≠ mismos, para que este gran Pa√≠s afronte los desaf√≠os de la hora presente y contin√ļe avanzando por los caminos de la concordia, la solidaridad, la justicia y la libertad.

Con estos deseos, conf√≠o a todos los hijos de esta noble tierra a la intercesi√≥n de la Virgen Mar√≠a, nuestra Madre del Cielo, y los bendigo con afecto. Que la alegr√≠a del Se√Īor colme siempre vuestros corazones. Muchas gracias.

Resumen de la JMJ 2011.

Benedicto XVI estuvo los cuatro √ļltimos d√≠as de la jornada en Madrid (del 18 al 21 de agosto de 2011) y se reuni√≥ con profesores universitarios, seminaristas y j√≥venes religiosas. Adem√°s visit√≥ el centro de discapacitados "Instituto San Jos√©", de la orden hospitalaria de San Juan de Dios. El Papa lleg√≥ a la capital de Espa√Īa el jueves 18 de agosto. Fue recibido en el aeropuerto por los Reyes de Espa√Īa.

Durante la ceremonia de acogida de los j√≥venes, Benedicto XVI atraves√≥ los arcos de la c√©ntrica Puerta de Alcal√° acompa√Īado por j√≥venes de los cinco continentes.

El viernes 19 de agosto el Papa viajó al monasterio de El Escorial donde se reunió con profesores universitarios y con jóvenes religiosas.

Otra de las novedades es que Benedicto XVI asisti√≥ por primera vez a todo el V√≠a Crucis. Se celebr√≥ el viernes por la tarde y cont√≥ con la presencia de importantes pasos (esculturas) de la Semana Santa espa√Īola que representan las escenas de la Pasi√≥n de Cristo.

En la Catedral de la Almudena, el Papa se reuni√≥ con seminaristas del todo el mundo y tuvo ocasi√≥n, naturalmente, de insistir en la vocaci√≥n al ministerio sacerdotal, puesto que ya se sabe que de las Jornadas Mundiales de la Juventud salen muchas vocaciones sacerdotales‚ÄĚ.

Por la tarde, visitó la Fundación Instituto de San José, el centro de atención a personas con discapacidad de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios y se desplazó al aeródromo de Cuatro Vientos donde tuvieron lugar los actos centrales de la Jornada Mundial de la Juventud.
El domingo 21, el Papa clausuró el encuentro con una Misa y anunció que Río de Janeiro será la ciudad que acogerá la próxima JMJ en 2013.

Antes de volver a Roma, Benedicto XVI se reunió con 12.000 de los 30.000 voluntarios para agradecerles su ayuda y colaboración. La organización de la JMJ fue excelente en todos los aspectos..


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