SAN TARSICIO, mártir (+258)
Su fiesta se celebra
el 13 de Agosto.
San Tarsicio es el Patrón de los Monaguillos y de los Niños de
Adoración Nocturna. Por algo se le conoce como el Mártir de la Eucaristía.
Valeriano era un emperador duro y sanguinario. Se había convencido de que los cristianos
eran los enemigos del Imperio y había que acabar con ellos. Los cristianos para poder
celebrar sus cultos se veían obligados a esconderse en las catacumbas o cementerios
romanos. Era frecuente la trágica escena de que mientras estaban celebrando los cultos
llegaban los soldados, los cogían de improviso, y, allí mismo, sin más juicios, los
decapitaban o les infligían otros martirios. Todos confesaban la fe en nuestro Señor
Jesucristo. El pequeño Tarsicio había presenciado la ejecución del mismo Papa mientras
celebraba la Eucaristía en una de estas catacumbas. La imagen macabra quedó grabada
fuertemente en su alma de niño y se decidió a seguir la suerte de los mayores cuando le
tocase la hora, que ojalá, decía él, fuera "ahora mismo".
Un día estaban celebrando la Eucaristía en las Catacumbas de San Calixto. El Papa Sixto
se acuerda de los otros encarcelados que no tienen sacerdote y que por lo mismo no pueden
fortalecer su espíritu para la lucha que se avecina, si no reciben el Cuerpo del Señor.
Pero ¿quién será esa alma generosa que se ofrezca para llevarles el Cuerpo del Señor?
Son montones las manos que se alargan de ancianos venerables, jóvenes fornidos y también
manecitas de niños angelicales. Todos están dispuestos a morir por Jesucristo y por sus
hermanos.
Uno de estos tiernos niños es Tarsicio. Ante tanta inocencia y ternura exclama lleno de
emoción el anciano Sixto: " ¿Tú también, hijo mío?"
Y le dice: ¿Y por qué no, Padre? Nadie sospechará de mis pocos años.
Ante tan intrépida fe, el anciano no duda. Toma con mano temblorosa las Sagradas formas y
en un relicario, las coloca con gran devoción a la vez que a la vez que las entrega al
pequeño Tarsicio de apenas once años, con esta recomendación: "Cuídalas bien,
hijo mío".
-"Descuide, Padre, que antes pasarán por mi cadáver que nadie ose tocarlas".
Sale fervoroso y presto de las catacumbas y poco después se encuentra con unos niños de
su edad que estaban jugando
-"Hola, Tarsicio, juega con nosotros. Necesitamos un compañero".
- "No, no puedo. Otra vez será", dijo mientras apretaba sus manos con fervor
sobre su pecho.
Y uno de aquellos mozalbetes exclama. "A ver, a ver. ¿Qué llevas ahí
escondido?"
Debe ser eso que los cristianos llaman "Los Misterios" e intentar verlo.
Lo derriban a tierra, poniendo en su pecho los mozalbetes sus piernas con el fín de hacer
fuerza de palanca para abrirle sus brazitos y arrebatarle las Sagradas Formas, le tiran
pedradas, y Tarsicio no solo puso resistencia sino que Dios hizo el milagro de que
quedasen sus brazos herméticamente cerrados de forma que no pudieron abrirselos jamás
(ni siquiere después de muerto) siguen dándole pedradas, y va derramando su sangre. Todo
inútil. Ellos no se salen con la suya. Por nada del mundo permite que le roben aquellos
Misterios a los que él ama más que a sí mismo...
Momentos después pasa por allí Cuadrado, un fornido soldado que está en el período de
catecumenado y que por eso conoce a Tarsicio. Los niños huyen corriendo mientras
Tarsicio, llevado a hombros en agonía por Cuadrado, llega hasta las Catacumbas de San
Calixto en la Vía Appia. Al llegar , ya era cadáver.
Desde entonces, el frío mármol guarda aquellas sagradas reliquias sobre las que
escribió San Dámaso, "queriendo a San Tarsicio almas brutales de Cristo el
sacramento arrebatar, su tierna vida prefirió entregar, antes que los Misterios
celestiales"
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