Sorda y ciega, intentaba comunicarse con el alfabeto Braille que conocía, pasando los dedos de su mano, única que había quedado con sensibilidad, a formar las letras convencionales. Pero todavía no estaba habituada a este ejercicio de heroica paciencia. Poco a poco se le fue haciendo familiar. No le quedaba más que un hilito de voz apenas perceptible. Con la mano sensible y los signos Braille escuchaba y respondía, con palabras que son joyas de espiritualidad, grabadas de dolor y de alegría, nuevo misterio pascual al que el Esposo la quiso asociar tan profundamente.
En los años 1961 y 1962, para obedecer a un sacerdote, todavía pudo escribir en una agenda con su pobre mano e inmenso cansancio, unos pensamientos o meditaciones brevísimas que terminan con este pensamiento final: "La fe hace prodigios". El prodigio más grande de todos es el amor. Aniquilada en todas las fibras de su propio cuerpo, Benedetta sabe y vive por experiencia que nadie tiene un amor mayor que el que da su vida por los amigos. Sus jornadas, nos dice, "no son fáciles, son duras pero dulces porque Jesús está conmigo, con mi padecer, y me da suavidad en la soledad y luz en la oscurídad. Él me sonríe y acepta mi cooperación con Él".
"Cooperación, total abandono a la voluntad del Padre, olvido de sí mismo para habitar Él en nosotros". Así definió ella la caridad en uno de sus pensamientos conservados en la agenda. Y así la practicaba: "Mi deber no es sólo y no debe ser sólo examinarme , sino amar el sufrimiento de todos los que se acercan a mi cama y me dan o me piden la ayuda de una oración".
Sor Dominica, la religiosa que estuvo a su lado en la clínica en aquellas largas horas que siguieron a su imprevista ceguedad después de la última operación quirúrgica, nos da este testimonio: "No encontré otra persona que supiese soportar tantos sufrimientos como Benedetta. Hasta su cuarto de dolor estaba siempre radiante de alegría. Cualquiera que entraba a visitarla encontraba en ella luz y calor; confortaba serenamente, invitaba a todos al bien. Acercándose a ella, se percibía algo divino. Su cabecera era meta de muchos visitantes, sobre todo estudiantes que le pedían consejo".