Nos dice Benedetta: "Los días van pasando en espera de Aquél a quien amo en el aire, en el sol que ya no veo pero que siento en su calor cuando entra a calentarme las manos, en la lluvia que desciende del cielo para lavar la tierra".
El jueves 23 de enero de 1964, el calendario señalaba los desposorios de la Virgen. Aquella mañana Benedetta pide a su mamá que le lea el acto de ofrecimiento al Amor Misericordioso escrito por santa Teresita del Niño Jesús, de la que ha querido y llegado a ser fiel discípula. De pronto, un pajarito se posa en el saliente de la ventana. La mamá transmite el hecho a Benedetta quien, aunque su voz se había convertido en un penoso balbuceo, se pone a cantar la vieja canción: "Golondrina peregrina", con voz límpida y nueva que asombra a los presentes. Con su trinar festivo, el pájaro va a ponerse sobre un rosal del jardín en el que, a pesar del rigor del invierno, florece una rosa blanca. Al comunicárselo su mamá, Benedetta contesta: "¡Oh mamá, qué noticia me das: ésta es una señal muy dulce!". Y poco después la señal se cumple en la realidad: ella florece en el cielo.
En poco tiempo la vida de Benedetta y sus pensamientos se han divulgado por el mundo. Parece que su misión es la de devolver el gusto de la vida a quien lo ha perdido, la de infundir esperanza a quien está desesperado. Sus restos mortales descansan en la abadía de Dovádola, en su país natal, a pocos kilómetros de Forli. Allí afluye una multitud de peregrinos de todas partes. En 1975 fue introducida su causa de beatificación.