HACE SOLA SU DIAGNÓSTICO

Navidad de 1956. Aparecen los primeros síntomas de una dolencia cuya manifestación es evidentemente la sordera. Después de numerosas consultas que resultan del todo inútiles, Benedetta descubre por sí misma el terrible mal que la aqueja: enfermedad de Recklinghausen o neurofibromatosis difusa.

En junio de 1957 la operan por primera vez en la cabeza. Se la rasuran: "Mientras me rasuraban, me sentía como un cordero al que trasquilaban la lana, y pedía al Señor que me hiciera fuerte y pequeña. Mamá, el Señor quiere de nosotros cosas grandes. He sufrido mucho y he pedido al Señor ser una ovejita en sus manos".

Escribe a su amiga María Gracia: "Como consecuencia de la intervención, se me ha paralizado la mitad de la cara... Entre tanto, a la espera de tiempos mejores (pero, ¿es que llegarán estos tiempos?), me veo obligada a interrumpir mis estudios. Sabe el cielo lo que esto me cuesta. Pero paciencia: lo importante es no perder la calma".

Tanta era su fuerza de voluntad que, en otoño del año siguiente consigue pasar felizmente los exámenes de patología médica y patología quirúrgica. Sin embargo, sabe muy bien su propio pronóstico, y al regresar de un examen, confía a su madre: "Sí, mamá, también éste ha resultado bien, pero ¿de qué sirve? ¡Dentro de poco...

1. Introducción 2. Universitaria 3. Hace sóla su diagnóstico
4 Crecen los males y la alegría de vivir 5. Peregrina a Lourdes 6. Camino hacia la Pascua
7. Escuchaba y hablaba con una mano 8. ¿Un anochecer o un amanecer? 9 Reflexiones
Firmar en el libro de visitas Índice del Web Católico de Javier