CRECEN LOS MALES Y LA ALEGRÍA DE VIVIR
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En agosto de 1959 es operada de la columna vertebral. Desde este momento permanecerá totalmente paralítica en las articulaciones inferiores, sujeta primero a una poltrona y después al lecho, por espacio de más de cuatro años. Poco a poco pierde el gusto, el tacto, el olfato... Confía a María Gracia: "Tengo muchas tentaciones. Pide tú por mí. Si digo cosas a la buena, pide al Señor que me haga callar. Me encuentro a veces derrotada bajo el peso de una abrumadora cruz. Entonces le invoco con amor, postrada a sus pies, y Él me hace reposar dulcemente la cabeza en su regazo. ¿Entiendes, María Gracia? ¿Conoces tú la dulzura de estos momentos?". |
| Mientras la mamá de Benedetta obtiene esta foto le dice: "¡No te pongas así, pareces ciega!". Benedetta responde "No se es nunca ciego cuando se mira al cielo." |
Además de María Gracia, muchos otros amigos recalan en su habitación de enferma, que se convierte en un auténtico "crucero de vidas". Paula nos da el siguiente testimonio de aquellas visitas: "Si iba a visitarla acompañada, su lecho no era ya un lecho. Benedetta nos hacía olvidar que nos hallábamos ante una persona incurablemente enferma. Todo el día, por turno, nos comunicábamos con ella. Reíamos, cantábamos juntos, rezábamos Nona y Vísperas".
Las cartas que fatigosamente escribe Benedetta están transidas de sed y hambre de Dios y de alegría por el don de la vida: "Es verdad que la vida en sí y por sí se me antoja un milagro, y desearía poder elevar un himno a Dios que me la dio... Algunas veces me pregunto si no seré yo una de aquellas a quienes mucho se le dio y mucho se le exigirá".