LA CEBOLLA
Había una vez una vieja muy mala y
murió. La mujer no había realizado en su vida ni una sola acción buena y la echaron en
el lago de fuego. Pero el ángel de la guarda que estaba allí pensó: ¿Qué buena
acción podría recordar para decírselo a Dios? Entonces recordó algo y se lo
manifestó:
- Una vez arrancó de su huertecillo una cebolla y se la dio a un pobre.
Y Dios le respondió complacido: Toma tú mismo esa cebolla y échasela al lago de
forma que pueda agarrarse a ella. Si puedes lograr sacarla del fuego, irá al paraíso,
pero si la cebolla se rompe tendrá que quedarse donde está.
El ángel corrió hasta donde estaba la mujer y le alargó la cebolla: Toma, mujer,
agárrate fuerte, vamos a ver si te puedo sacar.
Y comenzó a tirar con cuidado. Cuando ya casi la había sacado del todo, los demás
pecadores que estaban en el lago de fuego se dieron cuen-ta y empezaron todos a agarrarse
a ella para poder también salir de allí. Pero la mujer era mala, muy mala, y les daba
patadas diciendo: Me van a sacar sólo a mí, no a vosotros: es mi cebolla, no la
vuestra.
Pero apenas había pronunciado estas palabras, cuando la cebolla se rompió en dos y la
mujer volvió a caer en el lago de fuego. Allí arde hasta el día de hoy. El ángel se
echó a llorar y se fue. «No estamos destinados a salvarnos solos»
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