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LAS RELIGIOSAS DE CLAUSURA Poema de José Laguna Menor, publicado en la revista Ave María, nº 668, en homenaje a las religiosas de clausura |
¡Vosotras sois la sal de la tierra! La sal presta un servicio humilde y silencioso: no se sirve en bandejas de plata, ni se coloca en fruteros generosos sobre la mesa de un festín. La sal está presente sin mostrarse. Para cumplir su misión tiene que disolverse, desaparecer, morir pero su papel es importante sin ella los alimentos son insípidos y las viandas se corromperían con rapidez. Vuestras vidas silenciosas y humildes tienen que dar sabor a la existencia de los hombres porque en sus vidas falta: la sal de la fe, de la esperanza, del amor. ¡Le falta mucha sal a la existencia de los hombres En el mundo es imprescindible la sal de vuestro sacrificio, de vuestra consagración al Señor, para que no se corrompa; para que el mundo guste el sabor a Dios. Vosotras dais sentido a la vida del hombre, en silencio, con la sencillez de vuestra pobreza, con la humildad de vuestra obediencia, con la pureza de vuestra castidad. Pero tenéis que morir al mundo, disolveros como la sal... desaparecer. Sólo al precio de vuestro sacrificio callado serán fecundas: vuestra fe, vuestra esperanza, vuestro amor; vuestra vida toda... Y así seréis la sal de la tierra. |
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