LA EUCARISTÍA  (4ª parte)

Después de comulgar, debemos darle gracias a Dios durante un ratito por el beneficio tan grande recibido y pedirle por todas nuestras necesidades.

Háblale como a un amigo; pídele por tu familia, para que todos tengan salud y trabajo, y para que sean buenos y se salven; pídele por tus amigos, conocidos y compañeros de trabajo; por tu Patria, el Papa, la Iglesia y los grandes problemas de la Humanidad. Pueden rezar, por ejemplo, las oraciones para después de comulgar que están en  http://webcatolicodejavier.org/despuescomu.html

Cuando se deshace la Sagrada Forma, Jesucristo ya no está corporalmente, pero queda en el alma la gracia santificante, que no se va hasta que se comete un pecado grave. El pecado grave destruye la gracia santificante.

PARA COMULGAR ES NECESARIO ESTAR EN GRACIA DE DIOS Y HABER GUARDADO EL AYUNO EUCARÍSTICO.

El ayuno eucarístico, hoy día, se ha reducido a una hora para sólidos y líquidos (incluso bebidas alcohólicas).

Este mismo margen hay que dejar para las comuniones de media noche (Misa de Nochebuena).

El agua y las medicinas no rompen el ayuno. No importa haberlas tomado incluso un momento antes de comulgar.

El ayuno eucarístico queda suprimido para los enfermos, aunque no guarden cama, para los fieles de edad avanzada, y para las personas que cuidan enfermos y ancianos o familiares de éstos que desean recibir con ellos la Sagrada Eucaristía.

A los enfermos se les puede llevar la comunión a cualquier hora del día o de la noche.

En caso de necesidad, se puede recibir la comunión bajo la sola especie de vino, si les cuesta tragar.

El 20 de Febrero de 2003, la Conferencia Episcopal Española publicó un documento sobre la comunión de los celíacos (personas a las que perjudica el gluten del trigo) para que puedan comulgar sólo con el cáliz, avisando previamente al celebrante.

Normalmente se suele recibir la comunión una vez al día.

Se puede comulgar de nuevo, por segunda vez, cualquier día con tal de que sea oyendo misa entera. Pero para comulgar la primera vez del día, no es necesario oír misa.

También pueden comulgar por segunda vez en el día los que acompañan al que recibe el viático.

Se puede comulgar sin haber guardado ayuno eucarístico en caso de estar en peligro de muerte y para evitar una irreverencia al Santísimo Sacramento, por ejemplo, en un incendio, en una inundación, en una persecución religiosa, etc. En estos casos, si no hay sacerdote, podrá administrar la comunión, a otros y a sí mismo, cualquier seglar que esté en estado de gracia. Si uno no está en gracia, que haga un acto de contrición.

Además del ayuno, para comulgar hay que estar en gracia de Dios.

Cuando tenemos la desgracia de cometer un pecado grave, ya no estamos en gracia de Dios; por lo tanto, así no podemos comulgar; y si comulgamos sabiendo que estamos en pecado grave, cometemos un pecado tremendo que se llama sacrilegio. Dice San Pablo que quien comulga indignamente «se traga su propia condenación».

Aunque con un acto de contrición perfecta -como luego diremos- se perdonan los pecados, con todo, quien tiene conciencia de estar en pecado grave no puede comulgar sin antes confesarse, a no ser «por causa grave». Así lo manda la Santa Iglesia, en el Código de Derecho Canónico.

Causa grave es aquella necesidad moral que, si no se atiende, nos produce un grave perjuicio; como sería el que los demás adviertan que estamos en pecado mortal.

Por eso, si después de acercarte a comulgar te das cuenta que estás en pecado grave, no es necesario que retrocedas: puedes comulgar haciendo antes un acto de contrición, con propósito de confesarte después.

Si tienes duda de estar en gracia, puedes comulgar haciendo antes un acto de contrición.

Puedes hacer un acto de contrición en tres palabras: «Dios mío, perdóname».

Juan Pablo II afirmó que la confesión es imprescindible para quien tiene conciencia de pecado grave y quiere acercarse a la comunión.

El Papa dijo que la preparación penitencial del comienzo de la Santa Misa no es suficiente para que pueda comulgar el que tenga conciencia de pecado grave.

No es necesario confesarse cada vez que uno comulga, a no ser que se tenga sobre la conciencia algún pecado grave. Dijo Juan Pablo II el 30 de enero de 1981: «está y estará vigente siempre en la Iglesia la norma, establecida por San Pablo y por el mismo Concilio de Trento, por la cual a la digna recepción de la Eucaristía se debe anteponer la confesión de los pecados, cuando uno es consciente de pecado grave».

Los que creen estar en gracia de Dios, pueden acercarse a comulgar sin confesarse previamente. Sin embargo, es muy recomendable hacer siempre un acto de contrición perfecta antes de acercarse a comulgar.

Texto escrito por el Padre Jorge Loring

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