NO A LA EUTANASIA
La eutanasia es un acto
deliberado de dar fin a la vida de una persona. «Anticipar la muerte, por muy cierta que
sea, y por insoportable que parezca la vida, es otorgarse un derecho que sólo a Dios
pertenece. Y esto aun cuando el enfermo consienta y lo solicite vivamente, porque ni
siquiera él puede conferir un derecho que tampoco posee, ya que no es dueño ni
propietario de su cuerpo y de su existencia».
La eutanasia se quiere enmascarar con la etiqueta de «muerte digna», lo mismo que el
aborto asesino se quiere disimular llamándole «interrupción del embarazo».
Después del aborto vendrá la eutanasia. Por la misma razón que se permite matar a los
niños no deseados, se permitirá matar a los enfermos y ancianos que estorben. «Que
nadie se engañe. Primero fue el no nacido, ahora el anciano, y luego vendrá todo aquel
que estorbe al que manda, o el que se atreva a disentir. La cultura de la muerte es
imparable, aunque sus argumentos sean nulos», ha dicho Santiago Martín.
Se empieza con una etiqueta de buena apariencia: muerte digna, ayudar a morir al que no
desea sufrir más. Pero luego se pasa a acciones aterradoras, como el caso de un
matrimonio joven que quería eliminar a la abuela porque necesitaba su cama. Por los años
70, en la China comunista desaparecieron de golpe leprosos, ciegos, locos y minusválidos.
Esta «purga» explica en parte el impresionante agujero descubierto por los demógrafos
de cincuenta millones de habitantes en la población china..
Por la misma razón por la cual algunos defienden hoy el aborto, el día de mañana serán
ellos mismos eliminados por sus hijos, que los considerarán una carga inútil. Diego
Díaz en su libro «La última edad», recuerda unas palabras del demógrafo americano Dr.
Gallop, de la Universidad de Manitoba (Canadá): «Una vez que hayas permitido la muerte
del feto, el ciclo no se cerrará. No habrá límites de edad. Se habrá puesto en
movimiento una reacción en cadena que podrá hacer de ti una víctima. Tus hijos querrán
matarte, porque permitiste que fueran muertos sus hermanos y hermanas. Querrán matarte
por no poder soportar tu vejez». Incluso hay quien se ufana de haber podido comprar un
coche con el dinero del seguro de vida del enfermo que dejó morir por falta de asistencia
. Y como dice el Dr. Gallop :«Si un doctor acepta dinero para matar a un inocente en el
seno materno, el mismo doctor te matará a ti con un inyección, cuando alguien se lo
pague».
El jueves 4 de junio de 1987 pudimos ver en televisión española en el espacio «Debate»
cómo el defensor de la eutanasia decía que todos debíamos tener derecho a morir de modo
digno, y el médico del Hospital de Basurto le dijo que en eso tiene toda la razón, pero
la eutanasia consiste en matar al enfermo, y los médicos están para sanar, no para
matar.
Morir dignamente es asumir la muerte humana y cristianamente.
Todos los periódicos de España hablaron del caso de la niña Mercedes Rodríguez, de
Bilbao, cuyo padre, Emilio, de veintiséis años, pidió por todos los Medios de
Comunicación que los médicos mataran a su hija enferma. Hubo algún matrimonio que quiso
hacerse cargo de su hija.
Más tarde se encontró remedio a algunos de los males de la niña .
Una enfermera del Hospital holandés de Vliethoven asesinó por medio de una inyección a
nueve ancianos .
Cuatro enfermeras de Austria fueron condenadas por liquidar a cuarenta y nueve enfermos
que les resultaban molestos . Una de las enfermeras, llamada Waltraud Wagner, reconoce
haber matado a once personas .
En Holanda se registran al año más de dos mil casos de eutanasia, mil de los cuales se
practicaron sin ser solicitada por el paciente . La legalización de la eutanasia en 1992
ha provocado una enorme difusión de una tarjeta donde se dice que el portador no admite
le sea practicada la eutanasia; y ochenta de cada cien mayores de setenta y cinco años no
quieren ni oír hablar del Hospital por miedo a ser eliminados. El miedo a que se les
practique la eutanasia ha hecho que los ancianos holandeses se asocien en la NPV para
defenderse de la eutanasia. La NPV cuenta con sesenta y tres mil miembros, y en las
últimas semanas se han apuntado cinco mil nuevos socios .
Conozco casos de enfermos terminales por los que se ha hecho todo lo que es razonable
hacer, y que mueren desesperados creyendo que se les tiene abandonados. Si esto ocurre en
una situación en la que la eutanasia está rechazada, cuántos morirían desesperados
creyéndose abandonados en una situación en que la eutanasia esté legalizada?.
De hecho en Australia se ha anulado la ley que permitía la eutanasia .
No es lícito dar a un enfermo una inyección con el propósito de provocar la muerte, ya
inevitable, apoyados en el piadoso deseo de que no sufra. No es lícito provocar
directamente la muerte por un medio artificial, ni siquiera a petición del interesado,
pero el médico puede dar al enfermo algún lenitivo de los dolores, aun a sabiendas de
que posiblemente con ello se acelere indirectamente la muerte.
Pero si la dosis empleada, aunque no produzca directamente la muerte, hace privar al
enfermo del uso de la razón hasta el momento de morir no se podrá aplicar al moribundo;
a no ser que esté ya preparado espiritualmente. En caso contrario sería privarle de una
adecuada preparación para su salvación eterna, lo cual es mucho más importante que el
alivio corporal .
Todos debemos poner los medios proporcionados para conservar o recuperar la salud. Pero no
estamos obligados a los medios desproporcionados como serían medicamentos muy caros o
intervenciones quirúrgicas muy dolorosas . Cuando el enfermo, a juicio del médico, no
tiene esperanza de curación, no es necesario prolongar indefinidamente (distanasia), por
medio de medicinas o aparatos, una vida que corre irrevocablemente a su término . Sobre
todo cuando la vida se prolonga artificialmente, tan sólo vegetativamente, sin reacciones
humanas, es perfectamente lícito interrumpir las medidas extraordinarias y suspenderle el
tratamiento o desconectarle los aparatos dejando que la naturaleza siga su curso . Una
existencia irreversiblemente vegetativa, que ha dejado de ser humana, puede no tener
sentido el prolongarla. Aunque no se puede privar a los familiares de su derecho de
emplear todos los medios a su alcance para mantener la esperanza hasta última hora.
En septiembre de 1989 la Conferencia Episcopal Española ha redactado un «Testamento
Vital» para los enfermos que se hallan en una situación terminal. Dice así: «El que
suscribe pide que si por mi enfermedad llegara a estar en situación crítica e
irrecuperable, no se me mantenga en vida por medio de tratamientos desproporcionados o
extraordinarios, que no se me aplique la eutanasia activa, ni se me prolongue abusiva e
irracionalmente mi proceso de muerte; pero que se me administren los tratamientos
adecuados para paliar los sufrimientos.
Pido igual ayuda para asumir cristiana y humanamente mi propia muerte.
Deseo poder prepararme para este acontecimiento final de mi existencia en paz, con la
compañía de mis seres queridos y el consuelo de mi fe cristiana».
La doctrina de la Iglesia sobre la eutanasia puede resumirse en este decálogo:
1º.- Jamás es lícito matar a un paciente, ni siquiera para no verle sufrir o no hacerle
sufrir, aunque él lo pidiera expresamente. Ni el paciente, ni los médicos, ni el
personal sanitario, ni los familiares tienen la facultad de decidir o provocar la muerte
de una persona.
2º.- No es lícita la acción que por su naturaleza provoca directa o intencionalmente la
muerte de un paciente.
3º.- No es lícito omitir una prestación debida normalmente a un paciente, sin la cual
va irremisiblemente a la muerte: por ejemplo, los cuidados vitales (alimentación por tubo
y remedios terapéuticos normales) debidos a todo paciente, aunque sufra un mal incurable
o esté en fase terminal o en coma irreversible.
4º.- No es lícito rehusar o renunciar a cuidados y tratamientos posibles y disponibles
cuando se sabe que resultan eficaces, aunque sea sólo parcialmente. En concreto, no se ha
de omitir el tratamiento a enfermos en coma si existe alguna posibilidad de recuperación;
aunque se puede interrumpir cuando se haya constatado su total ineficacia. En todo caso,
siempre se han de mantener las medidas de sostenimiento.
5º.- No existe la obligación de someter al paciente terminal a nuevas operaciones
quirúrgicas cuando no se tiene la fundada esperanza de hacerle más llevadera su vida.
6º.- Es lícito suministrar narcóticos y analgésicos que alivien el dolor, aunque
atenúen la consciencia y provoquen de modo secundario un acortamiento de la vida del
paciente. Siempre que el fin de la acción sea calmar el dolor, y no provocar
subrepticiamente un acortamiento sustancial de la vida; en este caso, la moralidad de la
acción depende de la intención con que se haga, y de que exista una debida proporción
entre lo que se logra (la disminución del dolor) y el efecto negativo para la salud.
7º.- Es lícito dejar de aplicar tratamientos desproporcionados a un paciente en coma
irreversible cuando haya perdido toda actividad cerebral. Pero no lo es cuando el cerebro
del paciente conserva ciertas funciones vitales, si esta omisión provocase la muerte
inmediata.
8º.- Las personas minusválidas o con malformaciones tienen los mismos derechos que las
demás personas, concretamente, en lo que se refiere a recepción de tratamiento
terapéutico. En las fases prenatal y posnatal se les han de proporcionar las mismas curas
que a los fetos y niños sin ninguna minusvalía.
9º.- El Estado no puede atribuirse el derecho de legalizar la eutanasia, pues la vida del
inocente es un bien que supera el poder de disposición, tanto del individuo como del
Estado.
10º.- La eutanasia es un crimen contra la vida humana y contra la ley divina, del que se
hacen responsables todos los que intervienen en la decisión y ejecución del acto
homicida .
Autor del texto: Padre Jorge Loring
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