LA FAMILIA
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Tropecé con un extraño que pasaba y le pedí perdón. Él contestó: Discúlpeme por favor; no lo vi. Fuimos muy educados, seguimos nuestro camino, nos despedimos; pero en casa es otra historia al tratar a los nuestros, ancianos o jóvenes. Más tarde, al estar cocinando, estaba mi hijo muy
cerca de mí. Al |
Al acostarme Dios me dijo suavemente: "Trataste al extraño cortésmente, pero fuiste brusca con el niño que amas. Ve a la cocina y encontrarás unas flores en el piso, cerca de la puerta. Son las flores que cortó y te trajo. Amarillas, rosas y una azul. Estaba calladito para darte la sorpresa y no viste las lágrimas que llenaron sus ojos." Me sentí miserable y empecé a llorar. Suavemente me acerqué y me arrodillé junto a su cama y le dije: "¡Despierta pequeño, despierta!". ¿Son éstas las flores que cortaste para mí? Él sonrió. -"Las encontré junto al árbol. Las tomé porque son bonitas como tú, en especial la azul." -"Hijo, siento mucho lo que hice, no te debí
gritar". Texto enviado por Gilda Arana |
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