EL ROSARIO EN FAMILIA
No creamos que el Rosario en familia es
rutina sin alma. Esas avemarías que se rezan haciendo algunas tareas domésticas en la
cocina o en el costurero, están animadas por verdadero espíritu de oración. Y este
espíritu y la intención que lo anima, educan la vida familiar a través de la oración
vocal de sus miembros, y la orientan hacia el trono de Dios, muy cerca de Cristo y de su
Madre.
Cierta noche, cuenta Fulton Sheen, vino a verme una joven, y me dijo:
No quisiera por nada del mundo hacerme católica. Siempre repetís lo mismo cuando rezáis
el Rosario. Cuando uno repite lo mismo es prueba de que no es sincero. Yo no daría fe a
una persona que me repitiese las mismas palabras. Y creo que Dios tampoco.
Entonces le pregunté quién era aquel joven que la acompañaba.
Es mi novio contestó ella.
¿La quiere a usted?
Ciertamente que sí.
¿Cómo lo sabe usted? ¿Cuántas veces se lo ha dicho, una, dos ... ?
Me lo repite todos los días y hasta con cierta frecuencia...
Corté el diálogo y le dije:
Si se repite, no le crea usted, prueba evidente de que no es sincero, tal como usted me ha
comentado hace un momento.
No existe repetición cada vez que uno dice «Yo te quiero». Y esto se explica porque
cada vez coincide con un momento distinto en el tiempo y con un lugar diferente en el
espacio.
Aunque la madre repita mil veces a su hijo: «Te quiero con toda mi alma, rey mío», cada
vez significa algo distinto, pues su espíritu y su corazón actúan de manera diferente,
y cada hecho nuevo revela una nueva señal de afecto.
Texto del libro
"Anécdotas Marianas" de Fr. José A. M. Puche, 0. P.
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