Augusto Rohan-Chabot

En tiempo de su mayor esplendor y prosperidad, dicen que asistía Napoleón I una noche al teatro acompañado de un paje a quien quería mucho y pensaba elevar a altos puestos, llamado Augusto Rohan Chabot, duque de Lyon. El Emperador seguía el espectáculo con aire distraído y examinando a la asistencia, y, de vez en cuando, su mirada se fijaba en el joven duque, que parecía reflexionar y ocuparse muy poco de lo que pasaba en escena, ocultando, obstinadamente, las manos bajo un gabán que sostenía en las rodillas. De repente se inclinó el Emperador, metió la mano entre el abrigo de su paje y cogió un rosario que éste tenía entre las manos.
Ah, te he cogido, Augusto! -dijo Napoleón al joven duque, algo confuso . Pero así me place: eres superior a esas vaciedades de la escena: tienes corazón y serás un gran hombre. Y devolviéndole el rosario, añadió: «Continúa, que no te molestaré más.» Los testigos de la aventura no se atrevieron a reír al oír hablar de ese modo al Emperador. El paje llegó, en efecto, a ser un gran hombre, pues murió siendo Cardenal Arzobispo de Ruán.

Esta anécdota nos recuerda la importancia de rezar el Rosario a la Virgen. Ella misma nos lo ha pedido en varias de sus apariciones, como por ejemplo la de Fátima y la de Lourdes.

Texto del libro "Anécdotas Marianas" de Fr. José A. M. Puche, 0. P.



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