El circo

La ropa que llevaban no era cara, pero estaban limpios. Los chicos eran bien educados, todos hacían bien la cola de a dos. Detrás de los padres, tomados de la mano, hablaban con emoción de los payasos, los elefantes y otros números que verían esa noche. Se notaba que nunca antes habían ido al circo, por lo que prometía ser el evento de diversión del año. El padre y la madre estaban al frente del grupo de pie, orgullosos, los dos de la mano, sonriendo y henchidos de orgullo.
La empleada de la ventanilla
preguntó al padre cuantas entradas quería, el respondió con orgullo: Por favor deme 8
entradas para menores y 2 de adultos para que mi familia entre al circo. La empleada le
indicó el precio, la mujer soltó la mano de su marido, ladeó su cabeza y el labio del
hombre empezó a torcerse. Este se acercó un poco más y preguntó ¿Cuánto dijo que
era? La empleada volvió a mencionar el precio. ¿Cómo iba a darse la vuelta y decirles a
sus 8 hijos que no tenía suficiente dinero para llevarlos al circo?
Viendo lo que pasaba, Papá puso la mano en el bolsillo, sacó un billete de 20 dólares y lo tiró al suelo.
¡Nosotros no éramos ricos en absoluto! Mi padre se agachó, recogió el billete, palmeó al hombre en el hombro y le dijo..
Disculpe, señor, se le cayó esto del bolsillo... El hombre se dio cuenta de lo que pasaba, no había pedido limosna pero sin duda había apreciado la ayuda en una
situación desesperada, angustiosa e incómoda, miró a mis padres directamente a los ojos con sus
dos manos le tomo las suyas, apretó el billete de 20 dólares y con labios trémulos y
una lágrima rodándole por la mejilla replicó: Muchas gracias, gracias señor, esto
significa realmente mucho para mí y para mi familia. Papá y yo volvimos a nuestro auto y
regresamos a casa.
Esa noche no fuimos al circo, pero nos marchamos con la satisfacción de pensar lo bien
que se lo iba a pasar esa familia.
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