Señor Jesús, médico del alma y del cuerpo,
te presento con humildad a todos los que sufrimos.
Tú que conoces el dolor, la soledad y la angustia,
abraza con tu ternura a cada enfermo,
y haz que descubramos tu presencia en medio de la prueba.
Danos fortaleza cuando el cuerpo se debilita,
paz cuando el corazón se inquieta,
y esperanza cuando todo parece oscuro.
Que nunca nos sintamos solos,
porque Tú caminas a nuestro lado,
consolando, sanando, amando.
Bendice también a quienes nos cuidan,
con paciencia, amor y entrega.
Haz de cada gesto un reflejo de tu misericordia.
Y que, unidos en la fe,
podamos transformar el sufrimiento en ofrenda,
y la enfermedad en camino hacia la vida eterna.
Amén.
