Te presento el partido más importante de tu vida. No es un encuentro de fútbol cualquiera. Al finalizar este partido no se levantará una copa ni se celebrará un campeonato. El premio es mucho mayor: la vida eterna que Dios, por su infinito amor, ofrece a quienes desean caminar junto a Él.
Este partido no dura noventa minutos, sino toda nuestra existencia. El terreno de juego son nuestros hogares, el trabajo, la escuela, la calle y cada lugar donde vivimos. Cada palabra, cada decisión, cada gesto de amor o de egoísmo es una jugada que acerca o aleja nuestro corazón de Dios.
No jugamos solos. Nuestro entrenador es Jesucristo, el mejor Maestro. Él nos enseña la estrategia perfecta a través del Evangelio, de la oración y del ejemplo de su propia vida. Cuanto más escuchamos su Palabra, más aprendemos a amar, a perdonar y a servir.
El árbitro es Dios Padre. Solo Él conoce el momento en que concluirá nuestro partido. Por eso cada día es una oportunidad irrepetible para amar más y hacer el bien.
Además, contamos con un ayudante imprescindible: el Espíritu Santo. Invócalo con frecuencia. Él ilumina la inteligencia, fortalece el corazón, inspira las decisiones difíciles y nos da la fuerza necesaria para levantarnos después de cada caída.
¿Cómo marcar los goles que realmente cuentan?
- Ama a Dios por encima de todas las cosas y no dejes que el egoísmo, la soberbia o el afán de poseer ocupen el lugar que solo le corresponde a Él.
- Trata a todas las personas con respeto, paciencia y misericordia. Cada ser humano es un hijo amado de Dios y merece ser acogido con cariño.
- Comparte con generosidad tu tiempo, tus capacidades y tus bienes con quienes más lo necesitan. El amor siempre encuentra una forma de ayudar.
- Aprende a perdonar, como Cristo nos perdona cada día. El rencor divide; el perdón devuelve la paz al corazón.
- Vive conforme al Evangelio. Los mandamientos no son un peso, sino el camino que conduce a la verdadera felicidad. Los sacramentos son el alimento que fortalece nuestra vida cristiana.
- Mantén viva tu amistad con Dios mediante la oración diaria, la lectura de la Sagrada Escritura y la participación frecuente en la Santa Misa. Allí recibimos la fuerza necesaria para continuar el partido con alegría y esperanza.
- Si alguna vez fallas una jugada, no te desanimes. Cristo siempre está dispuesto a levantarte mediante el sacramento de la Reconciliación y a darte una nueva oportunidad para seguir jugando.
Recuerda: al final del partido, Dios no nos preguntará cuántos éxitos, riquezas o reconocimientos conseguimos, sino cuánto hemos amado.
Cada acto de bondad, cada palabra de consuelo, cada gesto de servicio y cada sacrificio ofrecido por amor son auténticos goles que permanecen para siempre.
¡Sal al campo con ilusión! Jesucristo juega a tu lado y toda la Iglesia anima desde la grada. Con María, nuestra Madre, y la ayuda del Espíritu Santo, procura que cada día termine con el marcador del amor un poco más alto.
Autor: Javier López
Web católico de Javier