LOS TRES SECRETOS DE
FÁTIMA
Dos de los tres secretos revelados por la hermana Lucía en 1942 son:
1) "Ustedes han visto el infierno donde van las almas de los pobres pecadores. Para
salvarles, Dios desea establecer en el mundo devoción a mi Inmaculado Corazón."
2) "La Primera Guerra mundial terminara pronto. Sin embargo, si la humanidad no deja
de ofender a Dios, otra guerra peor surgirá en el Reino del Papa Pío XI. Cuando ustedes
vean una noche iluminada por una luz desconocida, sepan que éste es el gran signo que
Dios les da, porque el va a castigar el mundo por sus crímenes a través de las guerras,
el hambre, la persecución de la Iglesia y del Santo Padre. Para impedir esto, Yo vendré
a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la comunión de reparación
de los Primeros Sábados.
Si mi petición es acatada, Rusia se convertirá, y habrá paz. Si no, Rusia transmitirá
sus errores a través del mundo, promoviendo guerras y la persecución de la Iglesia; los
buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá que sufrir mucho, varias naciones
serán aniquiladas; en el final mi Inmaculado Corazón triunfará. El santo Padre
consagrara Rusia a mi la cual se convertirá, y algún tiempo de paz se le dará al
mundo."
Texto original del Tercer Secreto
de Fátima
Explicación del Card. Ratzinger
Tercera parte del secreto de Fátima, revelado el 13 de julio de 1917 a los tres
pastorcillos en la Cueva de Iria-Fátima y transcrito por Sor Lucía el 3 de enero de
1944. Fue hecho público por el Secretario de Estado, Cardenal Angelo Sodano, el 13 de
mayo del 2000.
"Escribo en obediencia a Vos, Dios mío, que lo ordenáis por medio de Su Excelencia
Reverendísima el Señor Obispo de Leiria y de la Santísima Madre vuestra y mía.
"Después de las dos partes que ya he expuesto, hemos visto al lado izquierdo de
Nuestra Señora un poco más en lo alto a un Angel con una espada de fuego en la mano
izquierda; centelleando emitía llamas que parecía iban a incendiar el mundo; pero se
apagaban al contacto con el esplendor que Nuestra Señora irradiaba con su mano derecha
dirigida hacia él; el Angel señalando la tierra con su mano derecha, dijo con fuerte
voz: ¡Penitencia, Penitencia, Penitencia! Y vimos en una inmensa luz qué es Dios: 'algo
semejante a como se ven las personas en un espejo cuando pasan ante él' a un Obispo
vestido de Blanco 'hemos tenido el presentimiento de que fuera el Santo Padre'. También a
otros Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas subir una montaña empinada, en cuya
cumbre había una gran Cruz de maderos toscos como si fueran de alcornoque con la corteza;
el Santo Padre, antes de llegar a ella, atravesó una gran ciudad medio en ruinas y medio
tembloroso con paso vacilante, apesadumbrado de dolor y pena, rezando por las almas de los
cadáveres que encontraba por el camino; llegado a la cima del monte, postrado de rodillas
a los pies de la gran Cruz fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios
tiros de arma de fuego y flechas; y del mismo modo murieron unos tras otros los Obispos
sacerdotes, religiosos y religiosas y diversas personas seglares, hombres y mujeres de
diversas clases y posiciones. Bajo los dos brazos de la Cruz había dos Angeles cada uno
de ellos con una jarra de cristal en la mano, en las cuales recogían la sangre de los
Mártires y regaban con ella las almas que se acercaban a Dios".
Comentario Teológico del Card. Joseph Ratzinger
El Comentario Teológico del Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe está
dividido en tres partes: Revelación pública y revelaciones privadas, su lugar
teológico; La estructura antropológica de las revelaciones privadas; Un intento de
interpretación del secreto de Fátima.
1) "El término 'revelación pública' designa la acción reveladora de Dios
destinada a toda la humanidad, que ha encontrado su expresión literaria en las dos partes
de la Biblia: el Antiguo y el Nuevo Testamento. Se llama 'revelación' porque en ella Dios
se ha dado a conocer progresivamente a los hombres, hasta el punto de hacerse él mismo
hombre, para atraer a sí y para reunir en sí a todo el mundo por medio del Hijo
encarnado, Jesucristo.
En Cristo Dios ha dicho todo, es decir, se ha manifestado a sí mismo y, por lo tanto, la
revelación ha concluido con la realización del misterio de Cristo que ha encontrado su
expresión en el Nuevo Testamento".
2)La "revelación privada", en cambio, "se refiere a todas las visiones y
revelaciones que tienen lugar una vez terminado el Nuevo Testamento; es ésta la
categoría dentro de la cual debemos colocar el mensaje de Fátima.
La autoridad de las revelaciones privadas -prosigue el cardenal Ratzinger- es
esencialmente diversa de la única revelación pública: ésta exige nuestra fe". La
revelación privada, en cambio, "es una ayuda para la fe, y se manifiesta como
creíble precisamente porque remite a la única revelación pública".
Citando al teólogo flamenco E. Dhanis, el prefecto para la Fe afirma que "la
aprobación eclesiástica de una revelación privada contiene tres elementos: el mensaje
en cuestión no contiene nada que vaya contra la fe y las buenas costumbres; es lícito
hacerlo público, y los fieles están autorizados a darle en forma prudente su
adhesión". "Un mensaje así puede ser una ayuda válida para comprender y vivir
mejor el Evangelio en el momento presente; por esto no se debe descartar. Es una ayuda que
se ofrece, pero no es obligatorio hacer uso de la misma".
El cardenal Ratzinger subraya también que "la profecía en el sentido de la Biblia
no quiere decir predecir el futuro, sino explicar la voluntad de Dios para el presente, lo
cual muestra el recto camino hacia el futuro".
La parte más importante del Comentario Teológico está dedicada a "un intento de
interpretación del secreto de Fátima". Del mismo modo que la palabra clave de la
primera y de la segunda parte del "secreto" es la de "salvar almas",
"la palabra clave de este 'secreto' es el triple grito: '¡Penitencia, Penitencia,
Penitencia!'. Viene a la mente el comienzo del Evangelio: 'paenitemini et credite
evangelio' (Mc 1,15). Comprender los signos de los tiempos significa comprender la
urgencia de la penitencia, de la conversión y de la fe. Esta es la respuesta adecuada al
momento histórico, que se caracteriza por grandes peligros y que serán descritos en las
imágenes sucesivas. Me permito insertar aquí un recuerdo personal: en una conversación
conmigo, Sor Lucia me dijo que le resultaba cada vez más claro que el objetivo de todas
las apariciones era el de hacer crecer siempre más en la fe, en la esperanza y en la
caridad. Todo el resto era sólo para conducir a esto".
3) Después, el prefecto de la Congregación para la Fe pasa revista a las
"imágenes" del secreto. "El ángel con la espada de fuego a la derecha de
la Madre de Dios recuerda imágenes análogas en el Apocalipsis. Representa la amenaza del
juicio que incumbe sobre el mundo. La perspectiva de que el mundo podría ser reducido a
cenizas en un mar de llamas, hoy no es considerada absolutamente pura fantasía: el hombre
mismo ha preparado con sus inventos la espada de fuego".
"La visión muestra después la fuerza que se opone al poder de destrucción: el
esplendor de la Madre de Dios, y proveniente siempre de él, la llamada a la penitencia.
De este modo se subraya la importancia de la libertad del hombre: el futuro no está
determinado de un modo inmutable, y la imagen que vieron los niños no es una película
anticipada del futuro, de la cual nada podría cambiarse. En realidad, toda la visión
tiene lugar sólo para llamar la atención sobre la libertad y para dirigirla en una
dirección positiva. (...) Su sentido es el de movilizar las fuerzas del cambio hacia el
bien. Por eso están totalmente fuera de lugar las explicaciones fatalísticas del
'secreto' que dicen que el atentador del 13 de mayo de 1981 habría sido en definitiva un
instrumento de la Providencia. (...) La visión habla más bien de los peligros y del
camino para salvarse de los mismos".
Pasando a las siguientes imágenes, "el lugar de la acción -explica el cardenal
Ratzinger- aparece descrito con tres símbolos: una montaña escarpada, una gran ciudad
medio en ruinas, y finalmente una gran cruz de troncos rústicos. Montaña y ciudad
simbolizan el lugar de la historia humana: la historia como costosa subida hacia lo alto,
la historia como lugar de la humana creatividad y de la convivencia, pero al mismo tiempo
como lugar de las destrucciones, en las que el hombre destruye la obra de su proprio
trabajo (...) Sobre la montaña está la cruz, meta y punto de orientación de la
historia. En la cruz la destrucción se transforma en salvación; se levanta como signo de
la miseria de la historia y como promesa para la misma".
"Aparecen después aquí personas humanas: el Obispo vestido de blanco ('hemos tenido
el presentimiento de que fuera el Santo Padre'), otros Obispos, sacerdotes, religiosos y
religiosas y, finalmente, hombres y mujeres de todas las clases y estratos sociales. El
Papa parece que precede a los otros, temblando y sufriendo por todos los horrores que lo
rodean. No sólo las casas de la ciudad están medio en ruinas, sino que su camino pasa
en medio de los cuerpos de los muertes. El camino de la Iglesia se describe así como un
viacrucis, como camino en un tiempo de violencia, de destrucciones y de persecuciones. En
esta imagen, se puede ver representada la historia de todo un siglo. Del mismo modo que
los lugares de la tierra están sintéticamente representados en las dos imágenes de la
montaña y de la ciudad, y están orientados hacia la cruz, también los tiempos son
representados de forma compacta".
"En la visión podemos reconocer el siglo pasado como siglo de los mártires, como
siglo de los sufrimientos y de las persecuciones contra la Iglesia, como el siglo de las
guerras mundiales y de muchas guerras locales que han llenado toda su segunda mitad y han
hecho experimentar nuevas formas de crueldad. En el 'espejo' de esta visión vemos pasar a
los testigos de la fe de decenios".
El prefecto de la Congrenación de la Doctrina de la Fe afirma también que en el
viacrucis de este siglo "la figura del Papa tiene un papel especial. En su fatigoso
subir a la montaña podemos encontrar indicados con seguridad juntos diversos Papa, que
empezando por Pío X hasta el Papa actual han compartido los sufrimientos de este siglo y
se han esforzado por avanzar entre ellos por el camino que lleva a la cruz. En la visión
también el Papa es matado en el camino de los mártires )No podía el Santo Padre, cuando
después del atentado del 13 de mayo de 1981 se hizo llevar el texto de la tercera parte
del 'secreto', reconocer en él su proprio destino? Había estado muy cerca de las puertas
de la muerte y él mismo explicó el haberse salvado con las siguientes palabras: 'fue una
mano materna la que guió la trayectoria de la bala y el Papa agonizante se detuvo en el
umbral de la muerte' (13 de mayo de 1994). Que 'una mano materna' haya desviado la bala
mortal muestra sólo una vez más que no existe un destino inmutable, que la fe y la
oración son poderosas, que pueden influir en la historia y, que al final, la oración es
más fuerte que las balas, la fe más potente que las divisiones".
La conclusión del secreto, prosigue el cardenal Ratzinger, "recuerda imágenes que
Lucía puede haber visto en libros piadosos, y cuyo contenido deriva de antiguas
intuiciones de fe. Es una visión consoladora, que quiere hacer maleable por el poder
salvador de Dios una historia de sangre y lágrimas. Los ángeles recogen bajo los brazos
de la cruz la sangre de los mártires y riegan con ella las almas que se acercan a Dios.
La sangre de Cristo y la sangre de los mártires están aquí consideradas juntas: la
sangre de los mártires fluye de los brazos de la cruz. Su martirio se lleva a cabo de
manera solidaria con la pasión de Cristo y se convierte en una sola cosa con ella".
"La visión de la tercera parte del secreto tan angustiosa en su comienzo, se
concluye pues con una imagen de esperanza: ningún sufrimiento es vano y, precisamente una
Iglesia sufriente, una Iglesia de mártires, se convierte en señal orientadora para la
búsqueda de Dios por parte del hombre (...) del sufrimiento de los testigos deriva una
fuerza de purificación y de renovación, porque es actualización del sufrimiento mismo
de Cristo y transmite en el presente su eficacia salvífica".
¿Qué significa en su conjunto (en sus tres partes), el "secreto" de Fátima?,
se pregunta por último el cardenal Ratzinger. "Ante todo debemos afirmar con el
cardenal Sodano: 'los acontecimientos a los que se refiere la tercera parte del 'secreto'
de Fátima parecen pertenecer ya al pasado'. En la medida en que se refiere a
acontecimientos concretos ya pertenecen al pasado. Quien había esperado impresionantes
revelaciones apocalípticas sobre el fin del mundo o sobre el curso futuro de la historia
se desilusionará. Fátima no nos ofrece este tipo de satisfacción de nuestra curiosidad,
lo mismo que la fe cristiana no quiere y no puede ser un mero alimento para nuestra
curiosidad. Lo que queda de válido lo hemos visto de inmediato al inicio de nuestras
reflexiones sobre el texto del 'secreto': la exhortación a la oración como camino para
la 'salvación de las almas' y, en el mismo sentido, la llamada a la penitencia y a la
conversión".
"Quisiera al final volver aún sobre otra palabra clave del 'secreto', que con razón
se ha hecho famosa: 'mi Corazón Inmaculado triunfará'.¿Qué quiere decir esto? Que el
corazón abierto a Dios, purificado por la contemplación de Dios, es más fuerte que los
fusiles y que cualquier tipo de arma. El fiat de María, la palabra de su corazón, ha
cambiado la historia del mundo, porque ella ha introducido en el mundo al Salvador, porque
gracias a este 'sí' Dios pudo hacerse hombre en nuestro mundo y así permanece ahora y
para siempre. El maligno tiene poder en este mundo, lo vemos y lo experimentamos
continuamente; él tiene poder porque nuestra libertad se deja alejar continuamente de
Dios".
"Pero desde que Dios mismo tiene corazón humano y de ese modo ha dirigido la
libertad del hombre hacia el bien, hacia Dios, la libertad hacia el mal ya no tiene la
última palabra. Desde aquel momento cobran todo su valor las palabras de Jesús:
'padeceréis tribulaciones en el mundo, pero tened confianza; yo he vencido al mundo' (Jn
16,33). El mensaje de Fátima nos invita a confiar en esta promesa".